sábado, 26 de mayo de 2018

13. MIEDO. De Juzz

12. TUMBAS INQUIETAS. De Yorick




-¿Quién anda ahí? – inquirió el Masón, revolviéndose en la tumba de la izquierda.
-Yo, Amalia – respondió tímidamente la muchacha en la tumba central del sector.
-¿Y qué hace alguien tan joven como tú en esta parte del Cementerio?
-Me quité la vida – suspiró Amalia – Fue por amor…
-¡Ay, el Amor! – terció el Marqués, desde su tumba de la derecha – También él ha sido causante de que me encuentre en este sitio dejado de la mano de Dios…
-¿Y también se quitó la vida, Su Excelencia? – se interesó Amalia.
-¡Nada de eso! – se lamentó el Marqués - ¡Me la arrancaron en un duelo! Yo defendía mi Honor de caballero ¿sabes?
-¡Cuántas pamplinas de señoritingos! – bufó, despectivo, el Masón.
-Tan joven como tú, Amalia, así era mi María de las Cuevas cuando el traidor al que yo dispensaba el trato de amigo se atrevió a requerirla de amores… - prosiguió el Marqués.
-¿Y ella le correspondía? – preguntó, con candidez, Amalia.
-¡De ninguna manera! Pero aquel sólo intento fue suficiente para que yo cruzase el rostro del infame con mi guante. Él era militar de carrera, yo sabía que llevaba todas las de perder… ¡pero el Honor no puede ceder ante tales minucias! Yo era un hombre con posibles – continuó el Marqués – y mis allegados se encargaron de sepultarme en el Panteón Familiar, como correspondía a mi rango. Pero los esbirros del Arzobispo se presentaron esa misma noche, como vulgares saqueadores de sepulcros. Profanaron la cripta de mis ancestros y me condujeron hasta este Cementerio Civil en suelo no consagrado. ¡Sean por siempre malditos!
Amalia sollozó, conmovida.
En la tumba de la izquierda, el Masón volvió a retorcerse, desasosegado: tenía toda la Eternidad por delante para seguir soportando semejante cháchara… y ya ni siquiera podía apelar al último recurso del suicidio.
Seudónimo: Yorick

viernes, 25 de mayo de 2018

11. ZAMANTA. De Sofía



Lejos de las cuadrillas de paramédicos, las tropas especiales de la policía, los batallones diezmados de militares, los edificios destruidos, la refinería en llamas, los miles de cuerpos tirados en las calles y el gigantesco reptil que escribe en las paredes un nombre dentro de corazones, Samanta observa el pandemónium con un par de binoculares. Al poco tiempo se aburre, maldice su suerte y llama a un taxi que la lleve al aeropuerto. Mientras prepara sus maletas, se consuela pensando que al menos aquel monstruo analfabeta nunca pudo escribir bien su nombre
Seudónimo: Sofía

10. EL ORIGEN. De Raziel Simons Young "El Nigromante"

9. HORA DE COMER. De Lycoris Radiatta



Los horripilantes seres viscosos, apestosos y malvados contaron hasta diez. Los niños corrieron despavoridos y es que aquellos monstruos para hacer parecer justo y ameno su juego les habían prometido permanecer con los ojos vendados y tratarían así de atraparles; dándoles un poco de tiempo para que intentaran escapar o serían devorados, según su suerte. Unos cuantos chiquillos volvieron sobre sus pasos e intentaron trepar la colina, pero fueron alcanzados al terminar la cuenta regresiva y cruelmente masticados. Otros corrieron por la costa pidiendo ayuda, sin embargo solo consiguieron que los ubicaran fácilmente por el ruido que emitían y fueron brutalmente cazados uno tras otro. Dos niños se precipitaron al mar y comenzaron a nadar en el agua turbia y helada; en eso escucharon un siseo detrás de ellos y sin poder nadar lo suficientemente rápido, de pronto la cabeza del chico más rezagado se hundió; ahora era el turno del otro.
Seudónimo: Lycoris Radiatta

jueves, 24 de mayo de 2018

8. EL PRINCIPIO DEL FIN. De Vane Aguilar

7. LA ESPADA DE LA LUZ. De Gilglin

6. TRANSMUTACIÓN IBÉRICA. De Fortunatto

5. LA BALADA DE JUAN CUERVO. De Juan Cuervo



Hace mucho tiempo que no duermo a tu lado, amor mío, dijo Juan Cuervo. Intentó cantar la canción que a ella le gustaba, pero ya se sabe que los cuervos sólo saben decir Never more. Se metió a la cama, lloró y se acurrucó junto al cadáver de su esposa.
Seudónimo: Juan Cuervo

4. INSISTENCIA FATAL. De Merlina