jueves, 31 de julio de 2014

238. LA VOZ. De Gael


Algunas veces, el colectivo lo agobiaba. Las millones de voces en su mente abrumaban y debía poner en práctica todos los artilugios posibles para eludirlo. Gálix había descubierto uno: vivir lejos de la megalópolis. Hacía varias traslaciones que vivía solo, imponiéndose la labor de mantener sus cultivos hidropónicos y volcarse a las flores, su gran pasión. Así, en la soledad de su autoexilio, encontraba infinitas horas de tranquilidad, olvidando al colectivo aunque en ocasiones lo extrañara; entonces, observaba por largo rato el horizonte, donde un lejano fulgor recordaba su ciudad natal.
Una noche, mientras dormía y soñaba con la abolición de la telepatía, recobrando su libertad de pensamiento, el colectivo lo despertó. Al principio, temió de ser acusado por atentar contra el orden establecido. Escuchó millones de susurros que emanaban confusos mensajes, en un caos sin precedentes. Se levantó saliendo a la terraza: el fulgor de la urbe titilaba en forma inusual. Luego, una gran luz emanó desde aquel punto perdido entre las colinas y el paisaje nocturno, encegueciéndolo. Segundos después, todo volvió a la normalidad salvo por un detalle, un ensordecedor silencio reinaba en su mente. En vano, intentó comunicarse. Vencido por el sueño, volvió a dormir. Por varios días el colectivo permaneció silente, acentuando en él una extraña orfandad y una incómoda sensación de culpa, a causa de su sueño. Ante la ausencia de toda comunicación, decidió marchar a la ciudad para enterarse sobre lo sucedido.
-No hagas tal cosa, Gálix- dijo una voz en su interior -. Quédate en casa y preocúpate de tus flores. Sorprendido, formuló una serie de preguntas. La voz aconsejó que no temiera, el colectivo había evolucionado convirtiéndose en un único portavoz. Agradecido, se dedicó a lo suyo descubriendo que, a ratos, la voz interactuaba con él, interesándose por sus labores y dándole consejos, en un coloquio que lo hacía feliz. En especial, porque la voz, aunque fuese inverosímil, ahora provenía desde su corazón.
Gálix ignoraba que era el único sobreviviente de su raza...  


Seudónimo: Gael

237. HABITANDO LA MEMORIA. De Otto Reiner


Fue tal vez a una edad ya madura que comprendí mi verdadera condición, que en realidad a lo largo de mi vida se convirtió en una vocación que asumí con el ímpetu de sobriedad bajo el cuál había sido educado en aquella familia sin mácula.
No percatarme de las circunstancias que regían mi destino y mi propia existencia lo debo, con justificada razón, a un aislamiento al que fui confinado desde muy pequeño para evitar toparme con esa realidad que yo en ese entonces llamaba: el otro lado de la reja. Tendría unos siete años y apenas si intuía lo que mi condición significaba y el tipo de vida que me tocaría vivir.
Ahora, cuando paseo por la calle tengo la insana sensación de ser invisible. Si paso frente a alguien espera a que yo esté a sus espaldas para hacer un gesto despreocupado de reconocimiento o para mirarme descaradamente solo por el puro placer de sentir cómo me alejo. Y claro yo hago lo propio. Me alejo lentamente para complacer el morbo de los transeúntes. He notado que disfrutan mucho si doy pasos muy lentos y les susurro una que otra palabra de algún ser querido.
Últimamente me he dado cuenta que si me quedo viendo fijamente a una persona, ésta empieza a perder la concentración de sus actividades cotidianas. Extravía papeles, se tropieza con facilidad o hace caso omiso a las preguntas de su jefe. Solo dejo de mirarla y me instalo en otro lugar y tengo la seguridad de que la persona regresa a su vida normal. Muy en el fondo creo que hay cierto morbo en la posibilidad de alterar las circunstancias habituales de los otros. Finalmente ese es mi oficio: aparecer y desaparecer.
Recientemente me he resistido a sacar conjeturas sobre las consideraciones públicas al respecto de mi nula o infausta existencia. Veo mi reflejo en el rostro de la gente y acepto cándidamente mi condición: soy tan solo un recuerdo.


Seudónimo: Otto Reiner

236. ALAS. De Nerya


Estaba sentada en el quicio de la puerta. Un paisaje devastador acaparaba mi vista. La guerra entre personas corruptas y sin un ápice de compasión nos había arrastrado a esta situación. Pero ahora tenían miedo, ya no luchaban entre ellos, sino contra nosotros.
Tras una noche catastrófica, hace tres meses, empezaron a aparecer objetos singulares a supervivientes, éstos tenían poderes. Nadie sabe de donde vienen, pero seguro que no es casualidad. Con ellos comenzaron a defender a los débiles y a contraatacar a los poderosos.
Un día, al volver a casa, me encontré con los que ahora son mi arma. Una nota al lado decía: "Un buen uso salvará vidas".
Me puse los zapatos, que tan inesperadamente habían llegado a mi. Eran blancos, relucientes, sin cordones y flexibles ... Si no fuera por las alas, nada haría pensar que se podrían usar para otra cosa que no fuera andar. Plumas finas, largas y plateadas surgían de los laterales, juntas formaban una línea curva. Estaba decidida, era el momento. Me asomé a la ventana dispuesta a saltar. Había elegido mi destino, es necesario actuar. Este es tu mi turno.
Cada vez somos más, no podrán con nosotros.


Seudonimo: Nerya 

miércoles, 30 de julio de 2014

235. FORTALEZA ESCONDIDA. De Titicaca


Los Uros protegen la fortaleza con un manto de humedad, lacustre es su destino que  niega  despertar. Piernas entumecidas que hacen juego con tus mejillas arrugadas y cobrizas, se los lleva la brisa.
Que Manco Capac y Mama Ocllo  encontraron su destino fundando un imperio, eso dicen…pero desviaron el camino.
Protegida mi fortaleza siempre estará, porque la verdadera riqueza la he de resguardar, con este frío manto he de despistar a muchos ingenuos que creen en el más allá. Todo está planeado nada escondo yo, solo mi  fortaleza en el invernadero está.
Sobre islas flotantes  siempre he de andar por proteger mi historia, mi dignidad. Este gran secreto lo haz de guardar para consagrarte como Uro habrás de caminar….
Hoy la noche te toca, confía en la dulce ternura cuando flota. Encontrarás maravillas, nuestra tierra bendita que ni Colón ni Pizarro permitan blasfemar.
Y se inicia la historia de una manera diferente no delates el manantial infinito de la fuente.


Seudónimo: Titicaca

234. MUTILADOS. De Aby


Tres niños corren entre la obscuridad, graga los persigue con un machete en cada mano, entran a una casa donde habitan mil demonios de muerte, se escuchan arañazos en la pared, repentinos gritos de las almas torturadas, el exorcista se retuerce con movimientos violentos, graga a luz de un rayo acorrala a los niños, los demonios salen metiéndose en los niños, se escuchan repentinos gemidos de dolor, los pobres niños solo corren sin ver atrás, abren una puerta de esqueletos y carne humana, llegando a la sala de tortura, máquinas de corte, hornos para quemarlos vivos, machetes, sangre y una niña llorando a la mitad de la sala.
La niña endemoniada les sonríe, arrastrando una moto sierra, graga dice: Has hecho buen trabajo, muerte. Los niños son colgados sobre una hoguera para quemarles su debilidad que todos  poseemos, graga elige a uno al azar, toma a Isabela por un lado comenzando a cortar su cara, la niña lloraba siendo detenida por sus hermanos, su muerte es incierta los torturan durante horas hasta que ellos mismos se mutilan, y todo comenzó por encontrar el amuleto del demonio en su jardín, nos persiguen están en cada rincón observándonos, esperando el momento de la maldición para torturarnos con los peores miedos inimaginables y los mutilados emerjan de lo profundo de la mente.


Seudónimo: Aby

233. EL REINO DE LA BELLEZA. De Marie Margaret Swan


Existió una vez el hermoso reino de Diamante. Este era el reino más hermoso que jamás hubiera existido. Su rey se había encargado de que así fuera. En su reino no tenían cabida las imperfecciones. La belleza era el requisito primordial que el rey exigía al pueblo. Todos debían de cuidar su imagen y en cuanto a aquellos que osaran nacer con desproporción o imperfección alguna, era preciso aniquilarlos.
De hecho cuando su esposa dio a luz a una niña diminuta y sin proporción alguna en sus facciones, el rey la consideró una deshonra y ordenó a su mujer que se deshiciera de ella y alegara frente al pueblo que su retoño había muerto. La reina sabía que su esposo pretendía que sacrificase a la pequeña, pero ella amaba a la criatura y jamás permitiría algo semejante. Fue de tal modo que la llevó lejos del reino, allende de los bosques más remotos, y allí la dejó a cargo de los seres protectores de la naturaleza. Las hadas.
La niña, Lía, creció junto a ellas, pero pronto comenzó a evidenciar que era diferente. No podía volar como sus amigas, ni siquiera poseía magia y se preguntaba las razones de su diferencia. Sus cuidadoras consideraron que había llegado el momento de ponerla al corriente de sus orígenes así como hacerle saber que había más seres en situación.
Resolvió entonces marchar. Las hadas le habían proporcionado amor y cuidados pero también unos ideales. Ellas siempre le habían considerado hermosa e inteligente. Y ahora debía de hacer que cada uno de los seres de su reino se sintiera como tal. Debía de hacerlo porque ella era la princesa.
Con la ayuda de los demás abandonados puso al corriente a sus paisanos de quién era ella y los motivos que la llevaban a querer defender que la belleza no estaba en la apariencia si no en los sentimientos que el rey se empeñaba en tirar por tierra. Y fue así como el monarca presionado por los sentimientos del pueblo abandonó Diamante y legó el trono a su hija que supo gobernar con justicia y los valores que los seres del bosque le habían enseñado.


Seudónimo: Marie Margaret Swan

232. DESPERTAR EN PRIMAVERA. De Devil


Se despertó del prolongado letargo. Pasó bastante tiempo antes de que pudiera conectar sus ideas. Miró el reloj de pulsera: <jueves 05 de abril> hora <11.44>.Todo dentro de las normas.
A pesar de las articulaciones algo doloridas por la prolongada inactividad, se encaminó hacia la salida de la cueva, más seguro y firme a cada paso. Se protegió un poco los ojos de la violenta luz diurna, mientras una agradable brisa traía excitantes perfumes de hierba, de bosque y flores.
Oyó una llamada no muy lejos, y luego otras: también los demás se habían despertado.
A un centenar de metros empezaba el bosque y hacia allá se encaminó. Los estímulos del hambre reclamaban una pronta satisfacción.
El intenso aroma lo orientó hacia un gran árbol desde el cual colgaban racimos de pequeños frutos rojizos -sus preferidos- y se irguió para agarrar los más próximos, pero un poderoso gruñido a sus espaldas lo hizo desistir. Se preparó para enfrentar al agresivo intruso; firmemente parado sobre sus patas traseras, abrió, como el otro, sus fauces amenazantes.


Seudónimo: Devil

231. MI DESEO. De Wagner Hendel


Esa noche,  note su presencia en mi dormitorio y le dije:
-Deseo ir contigo- y cerré lentamente mis ojos entregándole mi alma.
Nerviosamente así me mantuve y volví a insistir:
-Toma mi vida-le rogué, y esta vez percibí una leve presión sobre mi pecho.
-¿Es realmente lo que deseas?- su voz profunda al fin me contestó.
-No soy feliz, no quiero seguir viviendo- le dije conteniendo el pánico.
-¿No extrañaras a tu familia? ¿No extrañaras a tus amigos?-me dijo al oído mientras sus uñas filosas destrozaban mi ropa y rasgaban mi piel - No volverás a ver la luz del sol pues desde hoy vivirás en las sombras. Dios no volverá a mirarte nunca mas, estarás maldita.
Para ese momento, ya no pude hablar mas pues sus dedos estaban dentro de mi boca.
-Lo haz decido y ya eres mía.  Solo debes mantener tus ojos cerrados-dijo acariciando mis mejillas y lamiendo la sangre que brotaba de las heridas como preparando el acto final.
Estaba aterrada y al escuchar eso, abrí mis ojos deseando que no estuviera ahí.
"Veo que no quieres venir conmigo ahora, pero yo estaré aquí cuando vuelvas a cerrar tus ojos"-dijo un murmullo en mi habitación.
Quedé inmóvil, viendo la sangre y sintiendo un profundo temor.  A partir de esa noche no pude volver a pensar siquiera en dormir.  Si lo hiciera...tal vez ...¿Volvería?


Seudónimo: Wagner Hendel

230. LA CIUDAD DE LA LUNA. De Sambayón


Algo podía ser predicho acerca de la tormenta eléctrica. Las señales recién actualizadas en su cuerpo le advertían que la Luna lo observaba desde la impenetrable nubosa de la altísima Ciudad. Aún así, Mole corría: encontraría a Gram desenchufada de su respectiva actualización. De sólo pensarla, la electricidad gruñía entre sus articulaciones, lo impulsaba más en la huida. No del mismo modo rugía el vaporoso insistir de todas las máquinas del rededor que, con la gravedad de la Luna, buscaban su captura. Pero estaba contento. Y apenas Mole pudo librarse del callejón y de la ciudad panóptica, ya estaba bajo la luz en la orilla.
Desactivó su campo de restauración. Libre entre la playa de aluminio, gritó hacia el otro costado. Bajo ese cielo, tenía los pies hundidos en una chatarra que, entre llamas de consumación, aún no lo identificaba. Pero ningún fogón derribaba el aúllo del mar detrás del enrejado innombrable que había instalado la Luna.
El eco de un maremoto y una ola de calor respondieron a su llamado. Vio entonces una sombra, electrificada por los restos de aluminio; pero Mole desfiguró su rostro renovado mientras Gram llegaba, hecha jirones dentro de una envoltura de metal que, sin rendirse, seguía tratando de recibir señales para rejuvenecer las llamaradas que la carne no había superado. Mole se acercó a ella, trastabillando. Su eléctrica ventaja dejó de fluir por la turbulencia. Cayó sobre la joven irrecuperable: el traje de metales y señales, controlado por el Rugido, se había impuesto sobre sus huesos de fuego. Y por fin una sola tiniebla, que se elevó hacia el cielo desde el océano enrejado, los compactó en el abrazo más penetrante de todos.
Se volvieron humanos muy cercanos. Pero la Luna ejercía su gravedad sobre toda la marea. Detrás de las rejas, la bestia dejó de vaporizar la chatarra con las llamas de sus pulmones vivos. Aquella ciudad muerta continuaba mirando a Mole desde la tormenta que rugía, con fuego y trueno, como el océano bajo la Luna.


Seudónimo: Sambayón

229. NI CONTIGO NI SIN TI. De Cinemaparadiso


¡Zas! un golpe seco. Rodó por el suelo. Había preparado antes su maleta: la ropa, el ipod y su ebook. Se largó veloz hacia ninguna parte. Se había olvidado del arma y deshizo lo andado sin descanso. Al entrar de nuevo en la casa, fue directo a la cocina. Quiso coger el instrumento asesino, pero su mano quedó pegada a su Samsung Galaxy. Este se había transformado en la gran oreja de su poca cabeza que había fallecido por exceso de ondas electromagnéticas. Esta vez  no pudo escapar, porque el Samsung fue envolviendo el resto de su cuerpo, con todas las aplicaciones;  hasta dejarlo a punto para su funeral. Entonces, sonó el Réquiem de Mozart. Un regalo por su fidelidad al móvil hasta el final de su vida.


Seudónimo: Cinemaparadiso