sábado, 1 de agosto de 2015

AVISO CONCURSANTES

Queda cerrado el plazo de admisión. Os recordamos que todos aquellos trabajo que llegaron con adjunto no han podido ser admitidos, simplemente porque no se puede saber ni tan siquiera quién los envió, el correo dispuesto para el envío de originales no los admite. El fallo del jurado será publicado aquí conforme a la fecha que aparece en las bases, principios de octubre.
Gracias a todos los que habéis participado y muchísima suerte. 
La Organización

viernes, 31 de julio de 2015

65. EL DIABLO Y LA TLANCHANA. De Laura Velarde


Se acercó y procedió a enrollar aquella manzana mordida por la mujer y el hombre. Él no sabía qué era una mujer y cuando probó la saliva de Ella, que se encontraba mezclada en el fruto, efusivo se deslizó hacia terrenos menos sagrados. Tomó las semillas de la manzana que por sí solas no valían mucho, pero después de unos actos fúnebres, la pronta resurrección sería inminente. Comenzó la germinación: primero la raíz, luego las hojas y así empezó su ciclo con el Sol y la Luna. Creció como debía crecer: poco a poco.
La víbora convertida en un ser antropomórfico, vio su árbol tan lleno de vida. Esperaba que Ella volviera a comer del fruto prohibido, para tener ese cándido calor de su primera vez. Se sentó y esperó y esperó y esperó y nada. Cansado y libido fue en busca de ella. Camino a la laguna que solía visitar vio un islote, pronto su mirada captó un brillo titilante. Se acercó sigiloso, pensando en Ella, con temor a espantarla antes de estar lo suficientemente cerca para atraparla. Asomó malicioso la cabeza entre los matorrales de Tule y la vio. Una hermosa criatura: bellos senos con puntas rosadas y delicadas; cabellera larga y tan negra como nunca la noche; ojos grandes, nariz linda, boca osada; llena de joyería; diferente de ELLA de la cadera hacia abajo, pues en lugar de piernas tenía cola de serpiente. La lisonja que celebraba en su mente excitaba cada poro de su ser. Esta diosa acuática sustituía sus anteriores pensamientos. Sacó la lengua y la deslizó sobre sus labios de izquierda a derecha. Al mismo tiempo que juntó sus palmas pícaramente. Decidió atacar con toda la ignorancia y se lanzó sobre aquella maga anfibia. Ella, "La Tlanchana", sabía de metamorfosis y se encontraba en su estado fiero, así que cuando Él atacó, tan raudo, no supo cómo ni por dónde, porque ella era más veloz...ya le había dejado unos buenos moretones.

Seudónimo: Laura Velarde

64. LOS QUE NO CONOCÍAN EL SOL. De Topacio


Aquel manto de cenizas barrió la vida de los océanos. El silencio se aposentó en muros de lamentos, el aire se detuvo y yo, en medio del todo y de la nada, contemplo extasiado  el espasmódico espectáculo.
Decenas de sombras emergen confusas buscando un sol imaginario, el río más próximo. Desnudos los vientres que parieron, bramaron hasta el amanecer, aquel día en que nada recordaron.
Las mentes más brillantes del planeta se reunieron para elegir un grupo de mil niños según su CI, cifrando en ellos la esperanza de este nuevo mundo. Equiparon un búnker con la más alta tecnología y materiales que les permitieran desarrollar sus habilidades en el ámbito científico, confiando el destino en la inteligencia artificial.
Sin embargo, un accidente en el sistema, un virus anularía las instrucciones que orientarían la formación de los menores. Sin las  referencias de los adultos, los niños se dedicaron a jugar, equipados de tecnología, comida y  vestuario. Jamás crecieron...
Un ruido, luego el silencio y el caos fue total. Una nube grisácea cubrió los continentes, por minutos, horas, meses, creo suponerlo. Sólo sé que los años transcurrieron bajo tierra, y éstos hacían creer que algo en la superficie había fallado. Decidimos que era tiempo de retornar. Estábamos concientes que la avanzada sería peligrosa, éramos aun niños. Se nos había anticipado que aquella nube podría permanecer mas tiempo de lo estipulado y que sus efectos podrían ser letales. Pese a todo, emprendimos nuestro viaje.
Tal fue la sorpresa al darnos cuenta que miles de cráneos decoraban los aposentos y agujeros por doquier hacían presagiar que nos buscaron con desesperación.
 Nunca nos preguntamos porque no nos rescataron. Pareciera que la vida es más fácil  de lo que aparenta, aunque el mundo esté por desaparecer. Decidimos regresar a lo  conocido, sin duda habíamos construido un mundo mejor.

Seudónimo: Topacio

63. LOBO Y MALACODA. De Leo Monturiol


Soy Lobo y estoy dentro de un ataúd. Hace tiempo, mi padre me entregó un fragmento de raíz. "Úsala en la mayor de tus soledades". Ahora, con dificultad, la saco del bolsillo. La masco, me arde la boca.
Soy Malacoda y estoy en una orgía. Lobo sabía demasiado, recordé cuando el vino bajó desde el pecho hasta mis regiones pudendas. Mi amigo Lobo no hablará. Tres chicas me soban con ese vino con olor a tierra y a roble.
Me sofoco, me paralizo. Me veo como un muerto al desprenderme del cuerpo. La tierra que me cubre ya no es barrera. El vertedero en donde dejo mi cuerpo se distingue a medias por la luna llena. Soy humo, vuelo sobre carreteras, entre edificios, traspaso montañas.
Mis respiraciones se aceleran al sentir tres lenguas sobre mí. La borrachera me hace ver una niebla viva. Me rodea, me acaricia, me besa. Entra con dulzura por mi boca. Tengo la urgencia de levantarme desnudo. Deseo buscar a Lobo.
No vuelo entre rocas ni sobre las nubes. Voy dentro de las carnes de Malacoda con deseos intensos de retornar a mi cuerpo en el ataúd. A esas horas acelero el auto sin miedo porque casi estoy muerto dentro de una caja de madera.
Excavo. Muy adentro, no quiero ver a Lobo muerto, lo deseo vivo. Me fatigo. Siento los maderos. Arranco la tapa. Saco a Lobo. Perdóname, le suplico aunque lo veo sin vida. Lo sacudo. Un vapor verdoso me sale por la boca. Penetra la de Lobo. Recupera el aliento como lo hace un ahogado sacado de las agua.
Con todo mi odio agarro a Malacoda por el cuello para lanzarlo a la fosa. Se ve ebrio, indefenso. Tapo el ataúd. Lo sepulto. Me alejo en el auto.
Soy Malacoda y estoy dentro de un ataúd.
Soy Lobo y voy a una orgía.

Seudónimo: Leo Monturiol

jueves, 30 de julio de 2015

62. S/T. De Úrsula M. A.


Desde tiempos inmemoriales, los hombres-planta y los hombres-roca se han mostrado hostiles entre sí. Su enemistad ha provocado más de una guerra que no será olvidada por la posteridad.
En aquella ocasión, ambas civilizaciones se preparaban para otra contienda mientras sendos reyes, con suma serenidad pero no sin seriedad, discutían el asunto y hablaban sobre el futuro de sus naciones. La reunión tuvo lugar en el Palacio Baobab, ubicado en el reino de los hombres-planta.
Allí, si había quienes no eran aptos, o bien detestaban las batallas, éstos permanecían en sus casas de ramas retorcidas y hojas frondosas.
Otros permanecían en palacio, como Szafeta, mensajero real de los arbóreos. Le sorprendió que recibiera la orden de presentarse ante el monarca, pero para no perder su lealtad acudió inmediatamente. A sus cuatrocientos años se encontraba en óptimas condiciones; por su apariencia y voz podría ser confundido por un niño de ocho años.
Tras recibir su mensaje, se dirigió sin demora a su pequeña cuadriga, provista del corcel más veloz que pudiera existir. Con todas sus fuerzas, Szafeta guiaba a su caballo hacia la Llanura del Ocaso, donde ambos bandos iban a luchar. Había momentos en que al mensajero le dominaba la impaciencia, pero su espíritu tenaz le mantenía sereno.
Finalmente llegó al destino. Su cuadriga iba a tal velocidad que, cuando quiso detenerla, ésta volcó.
— ¡Deteneos! ¡Orden del Rey!—gritó a pleno pulmón mientras caía.
Tanto él como su caballo se encontraban en perfecto estado. Mientras le ayudaban a levantarse continuó hablando, al mismo tiempo que recobraba el aliento.
—La paz se ha firmado —dijo—. No es necesario que os enfrentéis.

Seudónimo: Úrsula M. A.

61. PERDEDOR. De Ariel


Perdedor. Así me llaman y supongo que no les falta razón. Perdí mi nave en una partida de Jetan. No pude mantener el respeto de mi tripulación una vez  entregara la carga que llevaba a los colonos de Plocyon a los matones de la Alianza. Eran las vacunas que les salvarían de las fiebres Inuit y por mi cobardía, Plocyon se convirtió en un erial. Tampoco elegí el bando victorioso en el golpe trecista. Tras el primer atentado contra el apartheid mecánico en el sector mest número quince, me sustituyeron el ojo y la pierna por un implante óptico y un miembro biomecánico. A resultas de aquello, me quedé sin mi condición de humano y me expulsaron de Infratierra. Me han revocado mi licencia de transportista y para ganarme unos fenniks he tenido que llevar mercancía de dudosa legalidad. No es que me importe trabajar así pero hay veces que si supiera lo que hay dentro de los contenedores, no volvería a dormir. Hace tiempo que en mi dieta no hay nada que pueda recordar a ningún alimento animal o vegetal. No son más que productos desecados que me habrían hecho vomitar años atrás.
Y podría seguir enumerando lo que he dejado escapar durante todo este tiempo, pero nada me ha dejado tan vacío como perderte a ti.

Seudónimo: Ariel

60. AEROLITO. De Pseudonymus


Hace ya 15 ciclos temporales que me encuentro errando en espacio desconocido. La onda expansiva averió casi toda la consola de vuelo; no puedo obtener datos exactos de ningún tipo de coordenadas. El último salto agotó gran parte de las reservas, y me ha traído a este punto de la galaxia, lejano a las rutas convencionales de vuelo. Tal vez soy el primer ser consciente en poder admirar estos mundos salvajes.
La energía está a punto de agotarse, debo tomar una decisión. Lo correcto sería descender en uno de estos planetas, pero dudo que mi nave soporte las duras condiciones de entrada. El tercer planeta de este sistema parece el más adecuado, pues parece poseer las condiciones ecológicas para albergar vida.
Debido a los daños, no he podido realizar lecturas correctas sobre la composición de su atmosfera, lo cual significa un peligro al momento de ingreso. Me invade la incertidumbre. Según la computadora, tengo un 69% de probabilidades de que mi nave se desintegre durante la entrada. Aunque todo salga bien, las posibilidades de que una sonda de rescate reciba la señal de mi baliza de emergencia son ínfimas; aún así, espero poder sobrevivir para poder ver de nuevo mi hogar.
El momento ya llegó. Disminuyendo velocidad a 7-2-5. Ajustando curva de ingreso. Siete nano-ciclos para entrar. Cinco, cuatro, tres, dos…
-¡Mirá mi amor! Una estrella fugaz.
Los dos jóvenes cerraron los ojos para pedir un deseo, mientras el destello desaparecía en el oscuro firmamento.

Seudónimo: Pseudonymus

miércoles, 29 de julio de 2015

59. MISIÓN EN EL MAR DE LA VIDA. De Pupy


Para cumplir la misión había que encontrar vida inteligente  y poder capturar algún ser. El módulo espacial había estado sumergido seis meses  en  el  océano  y sólo  una  fauna marina bien conocida  había  sido el entretenimiento  hasta ese momento. Todo se  asemejaba  mucho a su planeta. Allá el mar había sido la fuente de la vida y por deducción lógica lo más probable era encontrar seres humanos, pero ¿donde estarían?
 La composición del aire y la temperatura exterior parecían compatibles con parámetros  aceptables para los tripulantes, pero las reservas del módulo sumergible se agotaban. El  jefe muy sosegado, confiaba que pronto vendrían los seres de allí a su encuentro. Más  no todos los tripulantes estaban dispuestos a esperar tanto. Habían venido obligados y estaban hartos del jefe. Un motín se gestaba. El jefe envió un mensaje a la nave madre, explicando la situación y la necesidad de  refuerzos. Los amotinados por su parte necesitaban el control de la nave y huir ante la amenaza de ser destruidos por sus jefes.
De repente se agruparon alrededor de la nave cientos de sirenas. Al parecer el mensaje enviado despertó la señal de alerta entre ellas. Las imágenes de tan singular y sorpresivo espectáculo impactarían al más avezado de los expedicionarios. Las sirenas estaban formadas en perfecto orden como si fuese para un desfile militar, todas lucían una especie de arma larga desconocida que poco a poco deponía al pie de la nave. Entonces tembló la luz dentro y los monitores  mostraron un mensaje de las sirenas que los dejó lívidos: ¡Bienvenidos nuestros hijos de regreso a casa con la misión cumplida!

Seudónimo: Pupy

58. LA NOCHE MÁS LARGA. De Pseudoagibílibus


Aprieta el interruptor y la lámpara parpadea unos instantes antes de apagarse. Agazapado en un rincón de la sala intenta acostumbrar sus ojos a la oscuridad, mientras sujeta con dedos trémulos el revólver. Sabe que ella ha venido a buscarle y que no desistirá. Siente el pulso acelerado y la ansiedad cercando su mente en una noche negra y silenciosa, desamparada de luna. El calor agobiante le envía lenguas regurgitando fuego que lamen sus temblores, y su respiración agitada mantiene sus ojos extremadamente abiertos. Bebiendo la oscuridad trata de rasgar la seda de la duda y siente la sombra que le vigila en la distancia. Es ella que, amenazante, se refleja en la pantalla haciendo que un líquido viscoso se deslice por sus sueños. Con la garganta atenazada y las manos sudorosas, jadeante y exhausto, se alza con ansiedad  y dispara contra la televisión. El estruendo rompe el silencio  en mil pedazos dejando paso al tic-tac inmisericorde que hace retumbar en sus oídos las campanadas del reloj de pared. El crujir de la madera y el temporal azotando las ventanas le incitan a volverse controlando su corazón desbordado. El temblor de las piernas le impide huir de aquellas paredes que le miran. Cree verla, ovillada en el sofá, desafiante, cubriéndose con el manto de su angustia y haciendo que un vértigo remoto cercene sus entrañas. Dispara… Dispara de nuevo… Descarga su pistola, y las entrañas del mueble se dispersan por la estancia. Después, comprueba que queda una bala en la recámara mientras un ciego escalofrío recorre su espina dorsal. Una puerta se abre súbitamente, y una silueta sigilosa e invisible repta por la negrura. Buscando una mirada cómplice en la estancia se precipita ante el espejo donde unos ojos vacíos, huecos, sin vida le hipnotizan. ¡Allí está! ¡Por fin ha podido descubrirla! El escenario siniestro creado por sus propios pensamientos conmina al cañón del revólver a descansar en su sien y… aprieta el gatillo. La señora de los dedos de hielo, depredadora de sonrisas, hace que el hedor impregne el suelo y las paredes.
Seudónimo: Pseudoagibílibus

martes, 28 de julio de 2015

57. CADENA DE ESTRELLAS. De Jitrenka


Las constelaciones se apagan una tras otra. El trabajo de Johann Bayer ha sido infructuoso; su "Uranometria" ha quedado obsoleta porque ya no hay estrellas que contar. Centenares, acaso miles de razas alienígenas sucumben en el silencio de la oscuridad. He negado todo primer contacto a las generaciones venideras de este planeta.
Con hilo de plata uno los brillantes abalorios cautivos y confecciono una larga cadena de estrellas, una joya que adornará el cuello estilizado de mi amada... Sé, que a falta de inspiración poética, bienvenido será este presente…
En un caluroso día de asueto, hace largo tiempo, modelé en arcilla sus formas y con mi aliento le otorgué vida. La seguí en sus primeros pasos y en el transitar inquietante de su mocedad. Cuando inauguró edad suficiente para enamorarse, desafié a los demás, mezclándome entre los hombres y me presenté ante ella. Mi plan perfecto funcionó: fui su elegido.
Hoy, en nuestras nupcias, entrego mi regalo y el rostro de Margarita personifica las palabras sorpresa y gratitud, ignorando que soy su creador. Descubre la pieza y sus ojos reflejan el brillo de tantos mundos perdidos. Me dedica su sonrisa perfecta y soy el  más feliz de los dioses menores.
Entonces, estrecho sus manos, nuestros tiempos se conjugan en una pequeña eternidad, la única que conoceremos, envuelta en extraños aromas de azahar.
Mientras contemplamos el ciego firmamento guardo silencio por el mal cometido. Soy un dios genocida, condenado al castigo de sus pares quienes destruirán el mejor de mis moldes, arrebatándome el don de la vida... Y ya no habrá otra Margarita.
Cuando su vida mortal se extinga y quede solo, rumiando mi inmortalidad, me asaltará el remordimiento ¿habrá valido la pena tanta destrucción?     

Seudónimo: Jitrenka