martes, 24 de mayo de 2016

16. LA MALDICIÓN DE MOLOCH. De Slodovan


De todo el cargamento que había sido excavado en el pecio encontrado en las aguas de la bahía de Cartagena, destacaba el gran número de ánforas fenicias, pero sin duda, la pieza estrella era un busto ciclópeo del oscuro dios Moloch.
Con los restos del antiguo barco hundido se realizó una  exposición en el museo arqueológico subacuático ubicado en la misma ciudad.  Aquel día, todos los presentes se rieron y tomaron por loco al viejo tunecino que les alerto de la terrible profanación que habían cometido. Nadie se tomo en serio las proféticas palabras que antaño también pronunciara cierto erudito de Providence: No está muerto todo lo que yace eternamente...
No habían transcurridos ni diez días desde que se inaugurara la exposición cuando la ciudad se encontraba en estado de histeria colectiva. Cuatro bebés habían desaparecido desde entonces en Cartagena.  Por las calles circulaban ya los rumores de la maldición de Moloch. Ya nadie se reía de lo que decía el viejo árabe.
Ni se rieron, cuando una semana después, el guarda nocturno  encontrara las cabezas  ensangrentadas de siete bebés  a los pies de la escultura del oscuro dios Moloch, dentro de la vitrina de cristal que pesaba una tonelada.

Seudónimo: Slodovan

15. LA DAMA DE NEGRO. De OwaRin


En un pueblo perdido en la montaña se dice que cuando un habitante muere viene a visitarlo una dama con piel de porcelana.
Se acerca al cementerio por las noches con niebla y crea un chirrido desagradable al abrir el portón. Su contoneo acentúa su pulcro vestido negro de volantes y lo único que se escucha al agudizar los oídos es su leve taconeo caminando entre las sucias y viejas tumbas. Se acerca a una de ellas y la abre con cuidado, intentando no manchar sus guantes de encaje. Se arrodilla, crea una cascada de negra cabellera que llega hasta las raíces. Con su corazón en la mano, arrancado del cadáver, lo acerca hasta su pecho. Sus pupilas amarillas desaparecen entre sus párpados. Con el sufrimiento en la mano llora la dama las penas y alegrías del muerto, metida en su piel, viendo su vida pasar por delante mientras las blancas alas de su espalda los rodean. Llora hasta no quedar nada en sus cuencas llenas de dolor, pues sus mejillas se ven envueltas en lágrimas de sangre. Del cuerpo sale un humano etéreo y la abraza a modo de consuelo. La dama de negro vuelta ángel de la muerte lo lleva hasta el camino, y se pierden ambos en el horizonte que separa de la vida el cielo.
En un pueblo perdido en la montaña se dice que cuando un habitante desfallece, la muerte en persona limpia sus recuerdos para así llevarlo a un sueño eterno. Se dice también -pero pocos lo saben- que lleva en su mente la carga de la pesadumbre y tristeza transmitida por todos aquellos que la conocen.
Dime tú, ¿crees en ella?

Seudónimo: OwaRin

jueves, 19 de mayo de 2016

14. EL TRATO. De Milton Montevianco


le pidió un momento para zamparse lo ultimo que quedaba en el vaso. ella se reclino en su silla, comenzó a golpear los huesudos dedos sobre la mesa imitando el ruido de un galope. la vio exhalar su aliento pesado que hizo que el aire de la habitación se enfrié. De fondo se escuchaba una respiración lenta y dificultosa. El llamo su atención para que se detuviera, le mostró como tomaba el revolver del cajón, se lo ponía en la boca y colocaba el dedo en el gatillo. Intento apretarlo pero no llegaba a detonar la bala, cayo de rodillas soltando varias lagrimas. Ella dejo de mirarlo, tomo un papel y lentamente con el indice comenzó a tachar un nombre ahí escrito, y a medida que lo hacia se oía la tos ronca e inacabable de un bebé. Antes de llegar al final del nombre con su dedo retumbo el disparo y el cuerpo del hombre cayo de espaldas con los sesos disgregados.
Arrojo el papel al aire y este enseguida se difumino como humo. Saco otro de su túnica, tenia otro nombre escrito que tacho con un movimiento rápido del dedo, luego lo volvió una llama en su palma hasta que desapareció. Se coloco de nuevo su capucha y abandono el cuarto dejando tras de si el llanto del bebe que podía ahora gritar con fuerza.

Seudónimo: Milton Montevianco

miércoles, 18 de mayo de 2016

martes, 17 de mayo de 2016

12. BENDITA COMUNIDAD. De Jolly Roger


Me gusta mi comunidad y, en fechas como éstas, con el patio adornado y las puertas cargadas de ángeles, papá noeles y estrellas, siento la entrañable cercanía  de mis vecinos.
El día de Nochebuena me sorprendió encontrar una preciosa corona de muérdago con la frase "Feliz Navidad" justo en la puerta de enfrente. Hacía mucho tiempo que no veía al huraño Pascual y no era su estilo desearnos felicidad. Sabía que estaba bien por sus continuas quejas, que podía escuchar a través de la pared, sobre el volumen de la televisión del abuelo del tercero, los lloros del bebé del quinto, las risas de las gemelas del segundo… Me acerqué a contemplar el adorno y la puerta se abrió unos centímetros.
La empujé y miré. Oscuridad y silencio sepulcral. Entré y la puerta se cerró de golpe. Asustada, avancé hasta donde calculé que debía estar la cocina. Sí, allí estaba, cerrada e imposible de abrir.
Avancé y fui probando todas las puertas, con el mismo resultado, todas cerradas con llave. Llegué al final del pasillo. Esta vez pude entrar en la habitación. Me asustó un débil gimoteo y di la vuelta para marcharme, pero la puerta se había cerrado y no cedió a mis sacudidas. El pánico me trastornó y la emprendí a golpes con ella, llamando a Pascual para que me dejara salir.
Una luz muy tenue se encendió a mi espalda y me volví. El grito que salió de mi garganta se perdió entre las notas del villancico que empezó a sonar a un volumen ensordecedor. La habitación simulaba ser un portal de Belén. Las gemelas del segundo colgaban del techo, como angelitos anunciando la buena nueva. El bebé del quinto, amordazado con su propia lengua, hipaba encima del pesebre y el vecino del tercero, vestido como San José, me miraba con las cuencas de los ojos vacías.
Faltaba la Virgen María. Fue lo último que pensé antes de sentir el golpe en la nuca y de escuchar la voz de Pascual deseándome feliz navidad.

Seudónimo: Jolly Roger

11. LA CONQUISTA DEL ESPACIO. De Pimpinella Escarlata


El Eagle encendió el motor elevándose sobre el Mar de la Tranquilidad. Armstrong y Aldrin vieron por las ventanillas los cráteres de las últimas guerras.
La estación parecía más pequeña desde arriba. Debían confirmar lo que mostró el telescopio: curvaturas de luces. "Ojalá el traje resista el calor", pensó Armstrong. Ajustaron el rumbo de la nave y salieron de la órbita. 
Entraron al planeta en caída libre.
—En tres, dos—dijeron los astronautas antes que el ruido interfiriera sus auriculares.
La nave cayó en el mar provocando una nube de vapor. Abrieron la escotilla y la intensidad del sol les hizo cerrar los ojos. Retiraron el paracaídas. Sonrieron al ver el agua. Tomaron una muestra cuando unos graznidos los alertaron. Miraron arriba y las vieron seguir rumbo al norte. Los trajes ahora pesaban más.
Aldrin se quitó el casco. Aspiró aire pero sintió un dolor en el pecho. Armstrong le puso el casco de vuelta con el oxígeno en modo regulado.
—Regresaré— le prometió.
Flotó hasta la playa con el módulo de soporte vital enganchado en la espalda. Lo dejaría trabajando en las coordenadas que dio la estación. Salió del agua. Por primera vez sintió la sangre correr por sus piernas. Vio el módulo alejarse en las olas y sintió un frío en el estómago. Quiso buscarlo pero los fémures se le rompieron cayendo de bruces sobre la arena. Anocheció. Se arrastró hasta una posición cómoda para mirar el cielo. Ahí estaba su casa: llena, gris, brillante, girando alrededor de este planeta azul. Contó sus manchas oscuras. Quería darle buenas noticias a la estación, a Aldrin.
Plantó la bandera y la placa, a la izquierda de las demás. La inscripción decía: "Aquí hombres de la Luna pisaron la Tierra por primera vez. Venimos en paz."

Seudónimo: Pimpinella Escarlata

domingo, 15 de mayo de 2016

10. PRELUDIO VIII. La chica de los cabellos de lino. De Pokotó


  Rhina,  una hermosa flor de lino de pétalos rizados se cansó de estar siempre en un solo sitio, y se  fue al río a mojar sus raíces, de camino cantaba y recolectaba algunas cratabias,  era una flor tierna y llena de inocencia, llena de magia pero inconsciente de ello. Al llegar al río, puso sus raíces en la orilla y mojó los mismos con aquella agua cristalina y templada, fue en ese instante cuando una ninfa del bosque se le apareció y le ofreció el don de cuidar el río, las plantas y animales que vivían de él, Rhina llena de buenas intenciones aceptó el pedido de la ninfa, y le fue concedido el don, entonces fue convertida en una chica, su pasada vida de flor quedó atrás, de raíces a pies, de tallo a cuerpo y de pétalos a cabellera, que tornó de color lino para recordarle que había nacido flor, pero que por el don de la ninfa en humana se convirtió.

Seudónimo: Pokotó

jueves, 12 de mayo de 2016

9. LLUVIA IMPREVISTA. De Nespe


Desde una nave madre extraterrestre descendieron en un plato volador dos humanoides en un rincón apartado del parque, sabiendo que los seres dominantes de la tierra eran de características muy similares a las suyas. Luego de aterrizar, uno de ellos había comenzado a caminar sin ser visto hacia un lugar algo despejado, con objeto de realizar bajo la luz del sol estudios ambientales destinados a contemplar  la posibilidad de adaptación de su civilización a este planeta. 
De pronto, al mirar como el límpido cielo azul era rápidamente cubierto por grandes nubarrones oscuros, se asustó preguntándose que sería aquello que nunca había ocurrido en su planeta. No comprendía como era posible que ese día soleado confluyera repentinamente en un inesperado final de sombras. Repentinamente una expresión de terror invadió su rostro cuando divisó el impacto de una enorme gota de agua en el piso. 
Hecho un manojo de nervios, miró hacia donde estaba el plato volador, evaluando la distancia y el tiempo que tardaría en retornar a él para protegerse. Inmediatamente una segunda gota cayó muy cerca de él, la que fue precursora de una incipiente lluvia que comenzaron a mojarlo. Entonces profirió un grito de terror y echó a correr rápidamente, mientras la lluvia se convertía en un gran aguacero que caía violentamente.
Cuando la lluvia cesó, un hombre que pasaba por allí casi tropieza con un cuerpo tirado en el sendero del parque y al verlo, un grito de espanto partió de su boca. Era un ser humano muy raro, que vestía ropas extrañas y yacía completamente desgarbado en el piso, con sus grandes ojos desorbitados que lo miraban aterrorizados. 
Su cuerpo temblaba en una lenta agonía y se deshacía, derritiéndose lentamente con la boca abierta en una mueca macabra. Fue allí que el hombre observó una misteriosa luz que parecía provenir de un plato volador que se alejaba, mientras se iba formando un charco gelatinoso de color indefinido en el lugar donde ese extraño ser se encontraba postrado.

 Seudónimo: Nespe

8. FUNDIDO EN SU ORGULLO. De Dana


Se le desfiguraba el rostro. Alguien subía por la escalera.
No sabía quién era. Se había despertado en un lugar ajeno. Se encontraba de espaldas y no podía ver, pero los pasos eran contundentes, definitivos. Quien entrase en la habitación iba a cambiar su vida para siempre.
Hacía calor, mucho calor. Él, que siempre había vivido en el resplandor, se hallaba ahora en una habitación apenas iluminada, no sabía si a causa de su repentina ceguera o por la naturaleza del lugar. Sorprendido, creyó escuchar el sonido de un cuco en algún rincón de la estancia, pero no tenía tiempo para adivinanzas. Se palpó el cuerpo torpemente, recordando de pronto que tenía un arma, pero no pudo encontrarla por ninguna parte. ¿Cómo se defendería? Desesperado, se llevó las manos a la cara, y, con los dedos como garras, arañó la piel que se deshacía como los restos de una vela en la palmatoria. ¿Quién le había llevado a perder en el mismo día la cabeza y el rostro?
Los pasos se detenían ya en el vano de la puerta. Podía sentir la presencia del extraño, su aliento en la nuca. Aterrado, intentó gritar, pero de su garganta no emergió sonido alguno. Era demasiado tarde. Sus ojos y su boca, todo ya en conjunto, había dejado de existir. Se había difuminado, lo mismo que un lienzo al contacto con el agua.
El extraño hizo girar la llave en la puerta. Ésta se abrió con pesadez, dando paso al joyero, que se dirigió directamente hasta la mesa de trabajo y tomó la figura dorada cuidadosamente con unas pinzas metálicas. Aún no se había derretido del todo, pero pronto estaría lista para la transformación. Aquel ridículo soldado de oro pasado de moda iba a ser transformado en un brazalete que sin duda sería más sencillo de venderle a una caprichosa dama.

Seudónimo: Dana

martes, 10 de mayo de 2016

7. LA MANGONEADORA. De Pimienta


Barbie fue la primera en irse a dormir. Fueron tantas las emociones que experimentó durante esa jornada memorable, que estaba rendida y desmadejada. Además, al día siguiente tenía tantas cosas que hacer... Pilotear la nave espacial, alunizar, montar la base de operaciones, reconocer el terreno, enviar el reporte de la conquista del satélite a la gente de NASA, dejar el Arca de la Alianza en sitio seguro, comenzar a producir maná y, sobre todo, plantar cara, hacerles saber a los demás miembros de la tripulación y a los colonos: Pinocho, pin-pon, Matrioska, Anabelle, Chucky, el muñeco Angelino, la muñeca repollo, los muñecos de Plaza Sésamo, los muñecos de Toy Story, Superman, Linterna Verde, el Hombre Araña, etcétera y etcétera, que ella y nadie más que ella mangonearía y soplaría los mocos en ese rincón de la galaxia. Si les parece, bien. Y si no, a tomar por culo y a regresar a La Tierra sin oxígeno y sin traje espacial. Caminando, brincando, volando o como se les dé la puta gana a los gallitos finos que no tengan a bien agachar el moño.

Seudónimo: Pimienta