lunes, 1 de agosto de 2016

AVISO A CONCURSANTES

Con  la publicación de los últimos cuentos recibidos correctamente a nuestro correo electrónico dentro del plazo estipulado en las bases,  damos por finalizada la fase de recepción de microcuentos.
 Todos los trabajos serán convenientemente leídos y valorados por el jurado, cuyo fallo será efectivo el día 5 de octubre,  tal y como se indica en las bases. Ese día lo daremos a conocer mediante su publicación en los diferentes medios estipulados.
Gracias a todos por su interés y participación y mucha suerte.        

Los Organizadores

208. GÉNEROS COMBINADOS. De Cardenia


Mientras escribo estas letras no sé si odiar o agradecer al doctor Goddus. Tengo que aceptar que le debo la vida: él me hizo la transfusión de los más de 6 litros de sangre que perdí, reemplazó mi hígado, mi corazón, mi bazo y mis brazos por artefactos electrónicos artificiales. Y también me dotó de esta silla cibernética con rieles para poder moverme. El problema es que también cambió mi genero de masculino a mujer (cosa innecesaria en mi intervención aunque él lo explique de forma confusa). Y poco a poco, me ha seguido insertando microchips y circuitos integrados a mi cuerpo. Ahora soy más una robot que un sátiro.
            Así, desde mi accidente a causa de aquella duermevela que nunca debí tomar en la barca del infinito, sigo vivo gracias a Goddus, sin embargo, ya no me dedico a perseguir ninfas deliciosas por los campos o los puertos, sino a producir textos fantásticos a cambio de pobres monedas de oro, y a dar a luz pequeños bebés sátiros que en el mercado negro se venden bastante bien.
            ¿Que por qué no me rebelo? Fácil: Goddus descompuso mis rieles y me instaló un mecanismo cuántico que inyectará lentamente líquido cáustico en mi cerebro de manera automática en cuanto mi mano o mi útero paren de producir. ¡Eso es tan doloroso que no tengo salida alguna!
Seudónimo: Cardenia

207. MI GEMELO. De Víctor Lowenstein


Lo que siento no puede traducirse en palabras. Las palabras son como la etiqueta pegada al recipiente. Adentro hay algo que trata de respirar todavía, pero es algo que se muere, lo sé, y si no soy yo, al menos tiene una parte mía en su ser.
Alguien mira el recipiente. Conversa sobre lo que ve con sus colegas de blanco. Se van, y ese doctor o lo que sea revuelve sus instrumentos quirúrgicos, echa otra mirada al mío y a otros recipientes, y pasa a otra cosa. La parte mía que no está dentro del recipiente lo sigue por un pasillo, escucha su conversación con una doctora, lo ve bajar por una escalera y encenderse un cigarrillo en el descanso de un entrepiso. Esa parte mía que está fuera se aburre y desencamina sus pasos, sintiendo que la parte mía que está dentro del recipiente lo llama desde su oscura mismidad sin palabras. Y por fuera del recipiente una etiqueta dice: “muerte prematura”.     

Seudónimo: Víctor Lowenstein

206. S/T De Poeta de los cuentos


Ella dejó su zapato de tacón alto abandonado en la fiesta; el príncipe lo cogió y se dispuso a buscar en toda la comarca el pie en el cual encajara aquel accesorio. Finalmente lo encontró. Ahora el príncipe vive contento, tiene en el centro de su habitación ese hermoso zapato de oro, y dentro de este el pie cercenado y disecado de la muchacha pobre que murió desangrada a sus manos.

Seudónimo: Poeta de los cuentos

205. EL JUANETE. De Hadi Nael Babilonia


Realmente no entendía si había sucedido, parecía como un dejá vu, un chiste de mal gusto que se repite una y otra vez, hasta lograr una carcajada. Me resultaba incómodo pensar en ello, si lo viví o lo soñé. No podía organizar mis pensamientos, veía diversas imágenes que no podía definir con claridad. Lo único que realmente entendía en ese momento era el dolor que seguía en aumento, al cual ya me había acostumbrado.
Sin embargo esta vez estaba dispuesto a eliminar esta incógnita que se me planteaba. Puse mis dedos sobre el juanete, lo mire fijamente, esperé unos segundos. Nuevamente mi mente comenzó a cuestionar mi cordura. Finalmente, como una bofetada, abrió los ojos, me miró fijamente y me dijo: "Vuelve a dormir, humano." Barajé nuevamente mis pensamientos incrédulos y le hice caso a la extraña criatura que crecía en mi pie izquierdo.
Seudónimo: Hadi Nael Babilonia

204. EL BURDEL DE LAS LUCES APAGADAS. De Maom


En aquel burdel el café se sirve a las 7 y a las 9, no importa si de la mañana o la noche. Los que lo toman a la mañana buscan el despertar y los de la noche buscan el no dormirse. Las paredes de aquella casa se mueven con el sonido de las calles y sus silencios. Aquel burdel no tiene puertas y para entrar se meten la mayoría por la ventana, los ojos azules de una mujer o también verdes, negros e incluso color miel.
Es preciso recordar el lado oscuro de la luna y hacer alegoría de nuestro burdel, el único que cuenta con flores tan hermosas que solo se pueden oler y tocar en el centro de la casa, solo se puede rumorar de la belleza de las flores pues el tiempo es errante y tácito así como la sombra gorda. Los hombres y mujeres que entran al burdel jamas vuelven a salir, como si aquella casa tuviese memoria y consciencia y cuando recuerda se vuelve cada vez mas negro, lagunas de humo y descuido inundan el burdel de la luz apagado o las luces apagadas. Incluso los heraldos negros de Vallejo no son tan negros como nuestro burdel y su decapitada clientela.
Sus pasillos apiñaron gritos eroticos, otros son solo ira e incluso desdicha, hay que estar atentos en aquel burdel de las luces ciegas, aquel crece en la ausencia de luz de los hombres, no se sabe bien a quien se besa cuando el alma se encuentra confundida,incluso el diablo le teme a nuestra casa hecha burdel.

Seudónimo: Maom

203. PREMIUM. De Alan Rocu


Te habrán hablado de otros métodos. ¡Bobadas! Esta es la mejor forma. Lo repito una vez más para que lo veas y luego te toca a ti, va siendo hora de que aprendas. Recuerda, ayer utilizamos el garfio, la polea y el barreño: extrajimos todo el líquido, no sirve. Luego al congelador. Ahora utilizo la aserradora industrial, fíjate en los cortes. Después, turno para la sierra eléctrica: necesito trocitos pequeños; es muy importante que la trituradora trabaje bien, para mezclarlo con el resto de ingredientes. ¡Et voilà! Pienso para perros de la mejor calidad. El secreto está en sus dueños.

Seudónimo: Alan Rocu

202. EL DÍA ETERNO. De Solrak


Un día el mundo dejó de girar. Aquellos que quedaron ante la luz del sol se consideraron bendecidos, pero con el paso el tiempo el calor fue intolerable. El otro lado del mundo quedó en perpetua oscuridad, alterando ecosistemas con temperaturas bajas. La parálisis planetaria había distorsionado el flujo temporal. Las migraciones masivas buscaban el punto en que la luz y obscuridad se encontraban; este era el único refugio de las circunstancias extremas en ambos lados. Una familia de cuatro tuvo que hacer la travesía hasta la división. Salieron de España para cruzar Europa y gran parte de Rusia. Pudieron ver las metrópolis europeas que estaban abandonadas. Solo había personas en los caminos. El aire caliente podía verse distorsionado por la humedad que se evaporaba del suelo. Los edificios despintados aparentaban ser ruinas antiguas expuestas al sol durante décadas. Cuando los viajeros llegaron a la frontera rusa estaban desorientados. Allí murió el primero de ellos, el hijo menor, víctima de una enfermedad insignificante que no pudo ser tratada a tiempo. El oeste de Rusia, torturado por el sol, se había convertido en un desierto. Los suministros se agotaban; la familia no tuvo más remedio que intentar atravesarlo. Llevaban dos días en la tumba arenosa cuando la madre se perdió durante una tormenta. Los últimos sobrevivientes marcharon durante días, entre osamentas y campamentos abandonados. Estaban a pocos kilómetros de su destino, pero el padre comenzó a delirar. En medio de su trance, luchó con su hijo y cayó de cabeza sobre una roca. El joven lo dio por muerto, pero su instinto de supervivencia lo impulsó a continuar.  Sintió como la temperatura se reducía mientras más se acercaba a su destino. Corrió por la colina que marcaba el final del desierto. Cayó de rodillas al mirar el llano en la distancia. Los ejércitos internacionales se enfrentaban por el dominio del último santuario, sellando así el destino de la humanidad.

Seudónimo: Solrak

domingo, 31 de julio de 2016

201. ESA EXTRAÑA FUERZA. De Sofía Or


Aquellos tres meses en esa vieja casa, pasé día y noche muriendo de ansiedad, enflaqueciendo, viviendo un agudo terror. ¿Quién lo creería? Si me oyesen, me tomarían por loca. ¡Estaba enloqueciendo!
No quiero sentirme de nuevo entre sombras, ser una más, convertirme en la compañera de la que cada noche se apoderaba de mi serena conciencia hasta hacer de mí, un manojo de nervios entre sus 'potentes brazos'.
Al arribar allí me sentí intranquila, notaba cierta extrañeza difícil de explicar en sus frías paredes. Apenas llegando, ya respiraba los insufribles momentos en los que esa fuerza, pasada la media noche, llegaba al sofacama, queriendo hacerme suya.
Al acostarme, casi a punto de dormirme, aquella sensación un poco fría, paralizante y de inmensurable poder, se aproximaba a mi cuerpo, adosándose cual perfecta sábana sobre la piel.
Gritaba, pero ni siquiera yo misma me oía. Esa extraña fuerza comenzaba a llevarme. Luchaba, no obstante; la fatiga de años en apenas cortos segundos, acababa con mi esperanza de vencerle.
No recordaba plegaria alguna, mas de repente El Padrenuestro venía a mi memoria traído por ángeles custodios y oraba con tal tenacidad que aquella fuerza, cedió en sus pretensiones.

Seudónimo: Sofía Or

200. REGRESO AL HOGAR. De Harmunah


El pescador la observó, sentada en la arena y abrazada a sí misma, envuelta solo en luz de luna. Como cada noche, oteaba el mar con ojos llenos de melancolía y anhelo. Sus sollozos quedos se confundían con los susurros de las olas rompientes.
Él nunca la veía llorar; tampoco sonreír. Cumplía sus deberes de esposa con silenciosa devoción. Limpiaba, cocinaba, arreglaba las ropas rotas de su marido y tejía las redes con tanta destreza, que hasta los peces acudían a fenecer en ellas.
El pescador jamás tuvo que reprocharle nada. Ella era la mujer que siempre deseó; la mujer de la que se enamoró siete años atrás, cuando, al salir a faenar, la encontró desvanecida en la orilla de la playa frente a su cabaña. Un regalo del mar.
Él paseó su mano por el marco de la puerta, en una caricia triste. Cerró los ojos, y con un suspiro, se atrevió a horadar la buscada soledad de ella. Sus pies se hundían cada vez más en la arena húmeda, enraizados por la pena.
—Es hora de volver a casa —dijo, la voz temblorosa, cuando llegó a su altura. Ella se levantó, sumisa, más quedó inmóvil al verlo: el pescador sostenía entre sus brazos una piel marrón, sucia y raída, que olía a sal y a alga macerada.
La mujer alzó unos vacilantes ojos negros hacia su marido, quien le ofreció el manto en amoroso —y doloroso— gesto. Cuando sus pequeñas manos lo tomaron, esbozó una sonrisa más hermosa que el océano. Se cubrió con las pieles, y, alzándose de puntillas, lo besó, un roce ligero como brisa marina. Sus lágrimas sabían a dicha.
Después, sin volver la vista atrás, se adentró en las aguas que durante tanto tiempo le habían estado prohibidas. Cuando el mar le devolvió su verdadera forma, el pescador cayó de rodillas en la arena y lloró.

 Seudónimo: Harmunah