viernes, 1 de agosto de 2014

AVISO A LOS CONCURSANTES

A partir de esta entrada queda cerrado el plazo de admisión del XII Certamen Internacional de Microcuento Fantástico miNatura 2014. 
Aquel trabajo que no esté publicado se considera fuera de concurso. Ya no se atenderán reclamaciones por parte de los participantes porque los textos están ya en mano de nuestro jurado, que tendrá la dura labor de evaluar cada uno de los  264 textos presentados y admitidos a concurso. 
Agradecemos el interés que esta convocatoria a vuelto a tener.
Nos vemos el 5 de octubre fecha en la que se hará público el fallo del jurado.
Muchísima suerte a todos, 


La Organización

264. HASTA QUE SE LLENE LA LUNA. De Montecristo


̶ ¿Por qué no te echas unos tragos con nosotros, Esteban?
̶̶  Porque la luna no está llena.
̶̶ ¿De qué demonios hablas, viejo? ¿Qué no la ves ahí, redonda y brillante como un farol?
̶̶  Déjalo  ̶̶ intervino una tercera voz ̶̶ . Está loco. Desde que regresó de la montaña dice que todos somos unos cobardes y quién sabe qué tantas tonterías sobre dios y la luna. Si no quiere tomar, mejor, más para nosotros.
Esteban no contestó. ¿De que serviría? Intentó explicarles una vez y descubrió que  no eran capaces de ver a la luna como algo más que una roca. Después de todo, ninguno se atrevió a subir la montaña sagrada, ni ver cómo  aquella mano formada por constelaciones usaba la luna como copa, llenándola lentamente con la sangre de la noche.
 Confiado en que el resto de su vida sería dichosa y disfrutaría de una muerte tranquila, Esteban sólo bebería agua hasta el menguante. Ningún sabio se embriaga antes que su obscuro rey.   


Seudónimo: Montecristo

263. COPISMO. De Doctor Dientes


-Porque todos somos diferentes. Porque no hay nadie parecido a alguien más. ¡Porque es nuestra obligación demostrar al mundo lo que somos capaces de hacer juntos, pero claramente diferenciados los unos de los otros!
Las multitudes congestionaban el aire con escalofriantes asentimientos ante las verdades que bramaba el resoluto vocero, verdades inmutables que conocían y practicaban como un axioma celestial.
-Porque llegó el momento de honrar a nuestros antepasados que valientemente se sublevaron- continuó el vocero- ¡Porque debemos condensar el heroísmo de nuestros padres y abuelos, que soñaron con este instante de bañar la tierra con gloria!
Venias de consentimiento y clamor recorrieron como olas a las multitudes ante estas exclamaciones, mientras se veían unos a otros con orgullo generado por saberse singulares; con vanidad al contemplar a los suyos tan únicos, y saber que eran vistos ante los demás como son: irrepetibles. 
-No esperemos más. Es el momento de decantarnos con inclemencia. ¡Que el mundo tirite ante la tempestad de nuestra singularidad y nuestra unión! ¡Vayamos a fundirnos con el rocío de la victoria!
Uno a uno pero sin pausa, oscilantes y trémolos conociendo que la historia los llevó hasta este momento, dirigiéndose hacia el destino que anhelaron, los copos de nieve comenzaron a caer. 


Seudónimo: Doctor Dientes

262. MOD2045-1/77. De Alims


El MOD2045-1/77 tiene una fisura en su fuselaje que se está propagando rápidamente, puede ocasionar una falla en la brecha de seguridad que atente contra el biósfera de los canales. He debido hacer el reporte hace tres días cuando comenzó, aún no sé cómo se originó; es un organismo vivo y verde que va creciendo y alimentándose del material biosintético del fuselaje y a través de él pasan unos rayos luminosos de colores en los que se observan pequeñas partículas en constante movimiento que consiguen toda mi atención, creo que estas partículas podrían ser toxinas ya que entran en mis pulmones y estimulan mis sentidos. Mis sensaciones se expanden al igual que la fisura.
La fisura es tan grande que creo poder pasar por ella, experimento curiosidad y un deseo creciente de atravesarla, no lo he hecho porque sería una muerte segura. Supongo que estas son sensaciones primitivas de mi subconsciente que no he reprimido del todo.
Quedan 1 minuto 3 segundos antes que los restauradores lleguen, el sistema se protege a sí mismo, ya la falla es inminente y tiene que ser solventada. Debo dar el aviso antes de que me extraigan y me lleven ante el Concejo, el cual percibirá que estoy teniendo un retraso evolutivo y tendré que pasar por la rehabilitación conductual, de no aprobarla no podré se reintegrado y seré suprimido.
Cinco segundos, debo decidir, mi vida depende de que dé la alarma. Estoy paralizado mirando fijamente la fisura, se acabó el tiempo, los paso se oyen llegando a mi puerta, se abre e involuntariamente salto a la fisura, corro y cuando llevo unos metros me arrepiento, me doy vuelta pero la fisura ya no está, los restauradores la había cerrado ya no puedo volver.
Después de unos instantes caí en cuenta: no he muerto. Mi cuerpo debe haber desarrollado anticuerpos o el exterior se regeneró a sí mismo. Supongo que debo descubrirlo, así que comienzo a caminar hacia lo desconocido.


Seudónimo: Alims

261. ¿ME VES? De : J.Carou


-No se bien como explicarselo, ha sido tan extraño...
El Lunes mis compañeros de clase, me ignoraron por completo.
El Martes mis vecinos me ignoraron.
Y el Miércoles mi familia.
Era como que no existia, nadie me miraba, nadie me hablaba, ni si quiera mis padres se preocuparon por como me iban las cosas. Fueron días raros. Creo que he sido participe de una broma. Porque usted me ve, ¿verdad?
- Claro.
-¿Entonces es una broma?
-Puede que si o puede que no.
-¿ Que hago ?
-¿ Que sientes ?
- Aparte de tristeza y soledad, ganas de matar.
-¿ Porque no lo haces ?
-¿ Puedo?
-¿ Te ven ?
- No.
- Hazlo.
Cerré el portátil, que historia más rara. Me  intrigaba el título. ¿ Me ves ? Pues  claro que no. Me tumbé, apagué la luz de la lamparita y cerré los ojos.
-¿ Me ves ?
Abrí los ojos y grité tanto como mis pulmones me permitieron hasta que el niño me azotó con un cuchillo jamonero en el pecho.
-Ahora seguro que me has visto.
Lo último que escuche fue una sonrisa diabólica.

                                                                                                                                 Seudónimo: J.Carou

260. SUPERFICIE IRREGULAR. De Maestro Calafate


La mesa de escritorio de la habitación catorce tenía la superficie irregular y hacia imposible escribir sobre un folio puesto directamente encima de ella. Parecía como barniz o cera. Lo quise comprobar, por lo que arañé un trocito con la uña y me lo llevé a la boca. Su extraño sabor provocó un estremecimiento que me recorrió todo el cuerpo.
Bajé al comedor, pues había visto en el menú que esa noche había cordero con patatas pero al ver el plato comprobé que no era lo que esperaba. La cabeza del cordero era real, con sus dos ojos saltones. De guarnición patatitas blancas, eran piezas pequeñas que  estaban cubiertas por una capa de clara de huevo escalfado que simulaban ser también ojos y cuyo iris era una simple pincelada de jarabe de vinagre de Módena. Media docena de pequeños riñones de ave simulaban ser una enorme lengua y a pesar de estar pasados por la plancha, goteaban sangre. Al morder lo que yo pensaba que era una patata, un viscoso liquido desbordó mi boca, llegando a salirse por la comisura de mis labios. Después pinché con el tenedor para cortar uno de aquellos riñones y un chorrito de sangre me manchó la manga de la camisa. Cuando sonó el despertador la mañana siguiente, me di cuenta que tal cena no había existido y que estaba totalmente descansado y vestido, como para bajar a cenar. Y al pagar la cuenta, comprobé de que me sonaban tanto los ojos saltones: eran iguales que los del viejo recepcionista que solía atenderme a la entrada y salida del hostal.
Como era lógico, utilicé la fuerza de aquella sustancia para potenciar el descanso en las ocasiones que lo necesitaba y entonces pedía la llave de aquella habitación, aunque hacía tiempo que dejé de hacerlo, asqueado de los viscosos ojos saltones y chorreones de sangre. Pero cuando aquella mañana vi que había una nueva recepcionista, con labios sensuales y pecho prominente, ávido de experimentar nuevas experiencias, le pedí que me diera la habitación número catorce.


Seudónimo: Maestro Calafate

259. SOBRE LA MESA. De Jurwiñ@


La seca angustia de la conciencia lijó con dudas mi garganta, pero al ver el metálico instrumento en la mesa, vestigio de un salvaje pasado, supe que lo haría de nuevo.
Activó en el panel táctil el ruido negativo y el silencio nos aisló mientras se oscurecía el plasma de los vítreos tabiques. Sólo la pálida luminiscencia del albo techo impedía las tinieblas, garantizando la intimidad del despacho, y nos sentamos. Aguardé su blanda y tediosa berborrea para arrastrar mi silla hacia mi objetivo. Brillante y punzante, casi al alcance de mi mano, prendía en mis entrañas el deseo de tomarlo y consumar.
Pero debía ocultar mis impulsos y ganarme su confianza. Maquillé con ignorancia mi rostro y alimenté su ego asintiendo ante sus palabras hasta que su vanidad lo interpretó como complicidad, y aceptó mi acercamiento. Esa proximidad me dejaba a escasos centímetros de mi objetivo, y tuve que esforzarme por contenerme.
Entonces pude leer en sus ojos cómo planificaba el siguiente paso, sin sospechar que sería el definitivo. La espera se hizo eterna en mi mente, donde urdí mil formas de atajar sus posibles negativas. Sin embargo accedió a todo sin más plazo ni atadura que mi propia voluntad. Aceptábamos comenzar el juego del engaño, y ambos lo sabíamos.
Correspondí a su entrega y confesé cuanto dijo necesitar de mí, sin ocultar nada… que no mereciese mi silencio. Al tiempo me incliné hacia el metal de mis anhelos, ardiendo en la febril necesidad de poseerlo. Pero percibí desconcierto en su semblante, y tuve que manipular con la desnudez de la palabra justa para forzar el desenlace.
 Asentimos a la par, aunque en el instante en que bajó la mirada me incorporé con violenta rapidez y tomé el brillante artefacto. La sorpresa lo atenazó y me avalancé sobre la mesa. Sujeté con fuerza con una mano y blandí el acerado objeto con la otra mientras su acuosa mirada quedaba atrapada por la certeza de lo inevitable y, finalmente... firmé el contrato del seguro con el bolígrafo metálico.


Seudónimo: Jurwiñ@

258. EL ENCARGO DE MEDIANOCHE. De Alexander Lira


Faltaba poco para que sea medianoche, las calles estaban vacías. Un taxista hacia su último recorrido por la ciudad antes de regresar a su casa, el hombre era casado y tenía un hijo que mantener, aunque se sentía agotado por trabajar durante todo el día, debía pagar muchas cuentas. Durante varios minutos no encontraba a nadie, hasta que vio a un hombre que requería de sus servicios, el hombre entro al taxi y saludo al conductor, este le devolvió el saludo, el desconocido dijo donde quería ir, aunque era un lugar muy lejano  el taxista accedió a llevarle.
Al taxista no le gustaba el silencio así que trato de iniciar una conversación, primero hablo sobre su vida, lo que le molestaba de la política, sobre el futbol, pero el desconocido no parecía interesado en entablar una conversación, solo movía la cabeza en señal de aprobación. Después de varios minutos llegaron a su destino, el desconocido miraba por las ventanas como si estuviera buscando algo, en ese momento el taxista recibió una llamada, era su esposa, tal vez preocupada porque ya era muy tarde, el taxista no puso atención a lo que su pasajero hacía, tomo su celular e intento contestar, pero una sensación fría invadió su cuerpo, un intenso dolor en el cuello hizo que el cuerpo del taxista cayera contra el volante, tenía enterrado una navaja, la sangre se esparció por toda su camiseta y el desconocido se sentó en el asiento del copiloto,  empezó a buscar  todos los objetos de valor, el taxista no podía hacer nada, sombras y tinieblas apaciguaron su mente.                  


 Seudónimo: Alexander Lira

257. EL SACO ROJO. De Pimentoncat


Estaba al lado de la puerta, aquel saco rojo se henchía de orgullo cada vez que alguien pasaba y lo admiraba. ¡Soy tan hermoso!, pensaba. En el día los rayos de sol acentuaban su colorada imagen y en la noche la luz de la luna modificaba el rojizo intenso en un carmesí profundo.
Todo a su alrededor fortalecía su presencia, las tonalidades grises de los muebles y las verdes de las plantas no eran más que aburridas al lado suyo. Hasta los animales advertían su presencia, los gatos de la casa restregaban los bigotes en sus mangas y los perros lo olfateaban con regularidad. ¡Qué orgulloso se sentía!
Los días pasaban y el saco rojo permanecía en el mismo lugar, nadie lo usaba, nadie tan siquiera lo cambiaba de sitio, y así mismo la vanidad de éste continuaba igual. Pero nadie se atrevía a decir en frente de el, que afuera en la calle solo un desquiciado portaría una prenda como esa. Que los sacos rojos eran propios de las personas indecentes y que simplemente resultaba de buen agüero colgar uno al lado de la puerta para mantener la inmoralidad lejos de casa.


Seudónimo: Pimentoncat

256. ÉL. De Mad


Aún lo recuerdo, me encontraba sentada frente a mi libreta sin poder escribir algo innovador, solo simples ideas sin la fuerza necesaria para impresionar a la editorial la cual no dejaba de llamarme; sino terminaba pronto podía despedirme de mi sueño. Estaba desesperada, clamaba por algo, una idea, lo que fuese.
Entonces: él apareció, tan terrible y malévolo tal como lo describían, pero con un semblante divino, un aire pesado empezó a cubrirlo todo, me era difícil respirar pero podía tolerarlo, se me acerco con intención de hablarme, yo trate gritar, pero me quede paralizada, completamente atónita ante tal situación. Después todo se oscureció quede inconsciente por mucho tiempo, inclusive desperté ya al amanecer, ¿un sueño? Eso creí, pues al revisar detenidamente a mí alrededor note sobre mi mesa las hojas que horas antes estaban llenas de garabatos; ahora estas contenían oscuros relatos y pasajes que la iglesia rechazaría en el acto, historias que contradicen lo que conocemos, lo que nos han enseñado desde niños.
No quiero ni recordar lo que sucedió después, fue tan infame, repulsivo y decadente; llegar tan bajo por mi trabajo y de la peor forma, era obvio lo que vendría después, las masas adoran las conspiraciones y esa fue la clave para conseguir aquel contrato, les encanto, aunque al principio dudaron, me exigieron más capítulos para ver en que acababa, —como si lo supiese—.
Una espera interminable es la de ahora, comienzo a deambular por mi casa, quedándome despierta casi toda la noche, empiezo a creer que simplemente fue un regalo de mi mundo onírico, que tan solo era una fantasía, temía por que esas cosas hayan surgido de mí.
Guardo mis cosas y apago la luz, pero de repente siento el aroma a violetas, una sonrisa se dibuja en mi rostro. Al fin podre acabar mi historia.


Seudónimo: Mad