miércoles, 19 de julio de 2017

106. REVERSO. De Hijo bastardo


La criatura se levantó sobresaltada. Como ganada  desde el sueño  por una fuerza desconocida y brutal. Una fría premonición le heló la espalda y por un momento sintió miedo de abandonar la cama. Se quedó un rato bajo la colcha húmeda de un sudor al que no estaba acostumbrada. Despacio, para no sobresaltar más  a sus miedos, movió el tejido grueso de su cobertor y enseguida se encontró con las dos manos. Eran un par de apéndices sin gracia. Dos extremidades endebles y pálidas con terminales absurdas y huesudas.  Cerró otra vez los ojos en el intento de que un golpe de magia lo devolviera a su rutina. Pero no funcionó. Aún aterrado por la sospecha de una desgracia, buscó el valor en lo más profundo de sus entrañas y saltó de la cama. Con pasos apenas coherentes logró sostener una postura que lo situara ante el espejo del cuarto. Con la imagen el pavor también se instaló en lo profundo de sus ojos. Su peor pesadilla se hacía realidad. Se había convertido en Gregorio Samsa.     

Seudónimo: Hijo bastardo

105. FENÓMENO. De Genoma


Luego de que una prolongada ola de calor derritiera los glaciares perpetuos de Briksdal, una turba antiquísima quedó al descubierto. Los antropólogos anunciaron el hallazgo de una gran cantidad de restos fósiles humanos esparcidos por los cañones y las vertientes de las montañas.
Después de las primeras pruebas paleogenómicasen el Instituto Max Planck, la comunidad científica se sorprendió al confirmarse la existencia de una nueva especie humana contemporánea con sapiens, neandertales y denisovanos. Esa misma semana los ADNs nucleares de varios cráneos revelaron otras cuatro especies humanas. A partir de entonces la sinfonía de descubrimientos fue creciendo por día a ritmos exponenciales. Incluso pequeños molares y falanges portaban en su interior semillas desconocidas por la ciencia.
Cuando ya se contaban casi medio millar de especies homínidas ordenadas metódicamente en los armarios, tocaron a la puerta.
Apenas abrí entraron en tropel varios policías del departamento de investigaciones criminales de la ciudad.
–Doctor London…–se dirigió a mí el que parecía teniente–. ¡De espaldas contra la pared y con las manos en alto!

Seudónimo: Genoma

104. LUCES EN EL OCASO. De Rambriez


Silencioso el ambiente, al centro el postrado y al lado el practicante en vigilia,  cabecea hasta quedar inconsciente; luces tenues suficientes para distinguir la sombra que acecha, rojos los puntos que encandilan, agudas las garras proyectadas sobre la tela; las miradas se cruzan, cada una sabe su papel, llegó la hora y el aquejado aguarda el zarpazo, la parálisis no permite movimiento,  pero con esfuerzo tenaz, el moribundo pudo cerrar los ojos, aunque no aleja el hedor que marca la aproximación de la muerte.
Vuelve el recuerdo de la aciaga hora cuando se diagnosticó al monstruo que come células.  Allí, al voltear el reloj de arena por última vez, pidió con fervor conmutación de la pena, el espectro acudió a la cita y le cambió esencia por un extraño poder; él ofreció  la vida de otro, a cambio de honor y reconocimiento, pues gris había sido la existencia.  La riqueza sobrevino en inusual concesión, ser amo del tiempo y manejarlo a placer, ser el mejor para revertir el gris que siempre lo acompañó; así ocurrió, por un año fue el más veloz, se cubrió de oro en competencias a pesar del otoño, ganó fama y el mundo lo idolatró, líder con el balón, novio de la madrina y popular varón.  La vida perfecta, dinero, fama y poder, todo lo soñado lo recibió, pero la vendimia estaba por desaparecer.  El horror le partía el sentimiento al ver como el villano arrancaba la piel, comía las entrañas y bebía la sangre; la bestia devoraba al acompañante que resultó ser el primogénito del postrado; no había manera de luchar, la paraplejia lo sorprendió en el último encuentro,  apenas le dejó sin herida los párpados aunque no pudo dejar de ver.
Ingrato momento, el paralizado tranzó el alma del acompañante, quien era normalmente un asalariado o una enfermera de bondad; taimado el maligno que el día preciso dobló la voluntad del hijo que esa noche quiso ocupar el lugar.  El espectro lo sabía, el mueve los hilos, lo arrastró a la compañía; doble victoria del mal, arrancar luz al inocente, mientras sufre el costal, es que no hay manera de ganar en vida  por faltas a la moral.

Seudónimo: Rambriez

martes, 18 de julio de 2017

103. VISITA. De Dew 21


Ya no dejan poner floreros con agua. Es por el dengue, dicen.
De pequeña, solíamos venir con mis hermanas a jugar entre las tumbas.
El olor a flores mustias al entrar al cementerio era parte de un ritual que empezaba con el orgulloso mármol de las capillas de las familias fundadoras del pueblo y terminaba a ras del suelo con blancas cruces.
Buscábamos el muerto más joven, el más viejo, el más feo. Pasando la capilla central nos reconocíamos en las fotos familiares: las mismas cejas pobladas, los ojos penetrantes pero sonrientes.
La muerte entonces era visita de domingo y aroma dulzón.
Deslizo distraídamente los dedos por las lápidas y un ruido extraño me sobresalta. Al darme vuelta veo a una anciana encorvarse sobre la tumba de su esposo.
Pero que tonta soy. No debo inquietarme. Siempre sé cuando han llegado.
Me asomo de puntillas y por encima del muro los veo. Me aliso el pelo y aprieto  mis manos sobre los pliegues del vestidito blanco.
Estoy preparada. Aquí los espero.
Donde mi muerte es sol de invierno.
Seudónimo Dew 21


102. MUERTE CELESTIAL. De Turkesa


La escena del crimen es exquisita y perfectamente propicia para esclarecer el homicidio. La silueta del detective deja entrever un sombrero "sherlockholmesiano" que arranca sonrisas a quienes no lo conocen. Sus sospechas se confirman.
Los tres cuerpos inertes, en el suelo de la habitación, hablan de amor y desamor, de razones y sin razones: dos que se abrazan desnudos sin el mundo a su alrededor. Adulterio. Inesperada llegada. Rápidos pensamientos para una escapatoria. Escasez de tiempo. Crimen. Suicidio.
Debe verse muy rápido porque todo cambia mágicamente. Ahora el sitio se asemeja a un campo desolado, con tres cuerpos inmóviles. Sus sospechas se disipan.
De repente, no queda nada. No se pueden reconstruir los hechos sin escena, sin arma homicida, sin culpables, sin testigos, sin cuerpos. Todo se va transformando con la misma prisa que llevan las nubes en su afán de recrear, en el cielo, lo que ocurre en la tierra.
A lo lejos, comienzan a aparecer las figuras de dos galeones españoles; seguramente cargados de algún tesoro robado en cualquiera de los mares cercanos. Se aprestan para el combate. Nadie puede predecir cuál saldrá victorioso…, si antes no se hunden.
Contemplar las nubes es una maravilla para la imaginación. Siempre fue un juego divertido. Ahora es mi fuente de inspiración y de misterios. Todo lo que quiero mi naturaleza me lo ofrece. Solo hay que saber percibirlo.

Seudónimo: Turkesa

101. PULGARCITA. De Trabalenguas


Me llamaron Pulgarcita porque sus nombres siempre deben hacer referencia a otras cosas. Me criaron en una cáscara de nuez para salvaguardar mis sueños, o los suyos, no lo sé. Me raptaron y me ayudaron a escapar para mostrarme que la libertad siempre se puede negociar. Volé sobre la espalda de una golondrina para darle la espalda a un pasado que nunca me forjé. Amanecí en una flor para sentir el rocío de un papel que me fue predestinado encarnar. Desde entonces vivo bien en el mundo de las pequeñeces. Algunas veces saco a pasear a un perro minúsculo y le tiro fuerte el tallo de una planta, para que corra, corra mucho, corra lejos.

Seudónimo: Trabalenguas

100. UNA CASA JUNTO AL MAR. De Roberto Volandri


Me sacudí los zapatos de arena y señalé una mansión con las paredes ennegrecidas, a pocos metros de la playa. El hombre de la inmobiliaria se puso contra el viento, tratando de encender un cigarrillo.
—El dueño era un viejo marqués sin hijos. Durante una tormenta, una piedra del tamaño de un hombre rodó desde el acantilado y cayó en su jardín. El marqués pasó varias horas bajo la lluvia, desnudo de cintura para arriba, tratando de moverla. Parecía Ahab luchando contra la ballena blanca. Al poco le sobrevinieron unas fiebres y murió.
Dio una profunda calada, echando el humo por la nariz.
—Un sobrino se presentó a reclamar la herencia. Tras franquear la reja de la entrada, notaron la ausencia de la roca. Solo quedaba un pequeño cráter y las flores marchitas de la buganvilla que había crecido alrededor. Sin embargo, al subir al primer piso la hallaron frente a la ventana, sólida y brillante. El sobrino no se dejó impresionar, pidió que pusieran en venta la casa y fijó un precio desorbitado. "No tengo prisa", mintió. Al abandonar el pueblo se salió de la carretera y cayó por el acantilado. Cuando lo encontraron, las gaviotas le habían comido los ojos y la lengua.
El hombre de la inmobiliaria arrojó la colilla y la enterró en la arena.
—Y bien, ¿sigue interesado en la casa del marqués?
Entorné los ojos y me pareció distinguir, en el balcón, una porción de roca negra escrutándome.

 Seudónimo: Roberto Volandri

lunes, 17 de julio de 2017

99. EL JARDÍN. De Olifante


Las margaritas, las petunias, azaleas y rosales, con su maravillosa mezcla de aromas y colores, así como los dos abetos, el cedro, el añoso olivo, la jacaranda, por no hablar  de cuidado césped, daban verdadera gloria verlos. Su jardín era la envidia del vecindario, estaba en boca de todo el mundo. Ella pasaba en aquel lugar horas y horas absorta, trabajando, disfrutando simplemente con ver crecer sus árboles y plantas, quizá los únicos seres vivos a los que tenía aprecio. Sin embargo, cuando le preguntaban cuál era su secreto para tener aquella maravilla, su semblante cambiaba, su gesto se tornaba huraño y la sonrisa desaparecía de su boca. Sabía que corrían algunas habladurías y que la gente, malpensada por naturaleza, podría llegar a sospechar, si no lo hacía ya. Enseguida comenzaba a repasar mentalmente cada uno de sus pasos durante las pasadas jornadas, desde la última vez, hasta que conseguía tranquilizarse. Todo parecía estar bien, no había motivos para perder la calma.
No obstante, pensaba que quizá sería oportuno variar sus costumbres, utilizar otros métodos y no dar más pábulo a los cotilleos, porque al final alguna mente retorcida podría hacer conjeturas, atar cabos y, en suma, llegar al punto de relacionar la noticia de una nueva y misteriosa desaparición de un jovencito, con su costumbre de trabajar con la azada algunas noches en el jardín.

Seudónimo: Olifante

98. A LA BÚSQUEDA DE MARIPOSAS. De Nat Domínguez


Samuel de 10 años, debía hacer un trabajo sobre las mariposas para el colegio y preguntó a su padre:
-Papá ¿podemos ir a ver las mariposas?
-Sí, pero si no las encontramos no quiero que te enfades.
-Vale, voy a coger la cámara de fotos.
Después de dos horas, llegaron al pie del monte, dejaron el coche y subieron por un camino de tierra estrecho y lleno de arboles. Samuel vio una mariposa amarilla con motas negras, la siguió hasta una explanada, donde se abrió una puerta invisible dejando ver un mundo lleno de mariposas parlantes y lleno de flores gigantes. Samuel se escondió detrás de una flor y comenzó a hacer fotos. De repente, una mariposa de color azul le sorprendió y le dijo:
-Hola, no deberías fotografiarnos este es muestro mundo, nunca visto por los hombres y así, debe seguir. Los humanos no respetáis la naturaleza y allí donde vais la destrozáis.
-Es para un trabajo del colegio. Yo no quería…
Samuel fue convertido en mariposa para saber cómo se sentían, cuando eran perseguidas, capturas y finalmente, disecadas. Abrieron la puerta invisible y le dejaron solo. Samuel sobrevoló la zona hasta encontrar a su padre. Su padre al ver una mariposa de color turquesa, intento capturarla y Samuel le gritaba:
-¡Papá, papá!, estoy aquí. ¡Ayúdame!
Samuel se despertó cuando su padre le zarandeo diciéndole:
-Samuel, hemos llegado. ¡Vamos a por las mariposas!
Samuel abrió los ojos y se preguntaba si todo fue un sueño o una advertencia.

Seudónimo: Nat Domínguez

97. EL ESQUELETO. De Montresor


Julián Garbarino despertó y se encontró dentro de la cripta familiar. ¿Cómo llegó ahí? ¿Quién había querido jugarle esa mala chanza?
Sus amigos, seguramente fueron ellos; siempre hacían esas bromas de mal gusto.
Estaba completamente solo.
Encontró una linterna en el suelo. Intentó abrir la puerta, pero estaba cerrada por fuera con un enorme candado. Gritó, pero nadie acudió en su auxilio.
La fetidez le revolvió el estómago.
Recorrió la cripta y el horror estalló en un alarido cuando se topó con un esqueleto que se había caído de su ataúd. Aún tenía restos de carne adheridos y las moscas inauguraban su festín.
El joven conjeturó que eran los huesos de un enterrado vivo. El hombre había logrado escaparse del féretro, pero al encontrarse con la cripta cerrada, murió allí, deshidratado.
Su asombro fue aún mayor cuando la luz de su linterna enfocó una inscripción que decía "Julián Garbarino. "12-08-80 – 15-06-98"

Seudónimo: Montresor