sábado, 13 de mayo de 2017

6. RECUERDOS DE MI MANO. De Ortiga


Hace bastante que me corté la mano derecha por escribir demasiadas cosas humanas, perplejo de lo que hacía, usando un hacha de utilería que mi padre había traído a casa de una filmación casera de "Ana Bolena". Fue una estupidez, porque la izquierda escribía mejor ya que soy zurdo y era más humana, si cabe, porque me pertenecía originariamente. La cortada era una descerebrada y por eso más emocional. Escribía cosas tristes a la noche, las más tristes. Trató de hacer un catálogo de estrellas vinculándolas con mujeres que conocí en mis viajes y, si no mujeres, al menos seres que tuvieran sexos complementarios al mío (de paso señalo que, originalmente, nací varón, con tanto de pene y barba y esas cosas). Pero la izquierda asumió, desde la ablación ceremonial, el deber de escribir también cosas humanas, demasiado humanas. Y yo, ay de mí, con una mano perdida, no podía, por supuesto, cortarme la otra.
La enfermera Vitalba vino anoche para el masaje reparador en el muñón astillado y varias veces curado por el Dr. Mc Coy, aunque con las heridas que dejó el hacha de la Bolena fuera imposible, como predijo. Por suerte, ella era del sexo adecuado a nuestras mutuas apetencias y yo podía dejar de escribir cada tanto para repasar con ella algunas ceremonias prohibidas en público. Fue la misma noche en la que el capitán Kirk me pidió que me dejara de joder con la mano que me quedaba y la que me faltaba y empezara a calcular, con todos los tiempos y contratiempos transcurridos, qué edad teníamos cada uno de nosotros. Al estilo del emperador que decapitó a los sabios que dijeron que la distancia entre el emperador y el arco iris era mayor que la del emperador al Sol pero que estaba detrás de él, el comandante quiso degollarme con su cuchillo de abrir cartas cuando dije que mi edad era la del abuelo de Shakespeare si continuara vivo y que él habría podido nacer el año en que Colón todavía estaba analizando los vientos africanos. Él mismo quiso cortarme la mano izquierda, pero ella se lo impidió del peor modo. Ahora sí que estamos perdidos.

Seudónimo: Ortiga

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