miércoles, 7 de junio de 2017

28. ÁMSTERDAM, 1650. De Primus Cálamus


Durante el asalto de Praga, al finalizar la guerra de los Treinta Años, Caramuel capturó a cuatro mercenarios suecos a los que perdonó la vida  a cambio de un servicio especial en Ámsterdam. Les ofrecía la libertad y un generoso predio cultivable perteneciente a la orden del Císter. La reina Cristina de Suecia había colaborado en el envenenamiento de Cartesius, al que había contratado como preceptor, pero no se encontró el autómata que se suponía oculto en las dependencias privadas del hereje. Debía estar en un lugar secreto de Ámsterdam, aunque Cartesius cambiaba frecuentemente de residencia para no ser localizado por la Inquisición. Caramuel y sus mercenarios suecos se dirigieron a la ciudad holandesa, ocultos en un convoy de materiales de construcción. Se introdujeron en el supuesto último domicilio de Cartesius, aquel desde el que había respondido por carta a las objeciones presentadas por Isabel de Bohemia a sus 'Meditaciones Metafísicas'.  No dudaron en asesinar a los criados y a la mujer de ágiles manos que tocaba el clavecín cubierta con una peluca de grandes tirabuzones rubios, vestida de seda azul bordada en oro. Saltaron chispas de sus mosquetes. Los cuerpos ensangrentados quedaron esparcidos en el salón. Los perros del vecindario comenzaron a ladrar y los vecinos dieron la voz de alarma. La expedición no pudo encontrar el objeto de su búsqueda: el autómata con el que Cartesius había querido devolver la vida a su propia hija y del que la Princesa Elisabeth de Bohemia había extendido por toda Europa el bulo de que mantenía relaciones sexuales con su padre después de muerta. Caramuel certificó ante el Santo Oficio que semejante objeto blasfemo no existía. Las autoridades holandesas recogieron los cuerpos y evaluaron los daños infligidos a la propiedad. Se subastaron los enseres encontrados. Un relojero suizo hizo la puja más alta para adquirir los engranajes que habían encontrado dentro de un vestido de seda azul, junto a un deteriorado clavecín.

Seudónimo: Primus Cálamus

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