lunes, 19 de junio de 2017

37. UN MAL BONACHÓN. De Oculta Entre Páginas


Allí estaba el dragón amarrado con cadenas. Gruñía, o eso parecía. En realidad lloraba. Todos se defendían de él, le clavaban las lanzas y arpones. Él no podía hacer otra cosa que intentar salir de allí. El dragón solo quería volver a ser feliz como antes; era inofensivo.
Lo habían encontrado en medio del bosque, detrás de la casa del alquimista. Los árboles estaban arrancados de la raíz y la casa del alquimista estaba destrozada. Todo el pueblo pensó que la bestia se había merendado al pobre anciano. «Eso le pasa por confiar en esa cosa horrenda», decían.
El dragón no se perdonaría jamás a sí mismo. Todos pensaban que era una bestia salvaje y agresiva. Y siempre se recriminaría por haber chamuscado accidentalmente a su amo y único amigo cuando este le pidió que cociera el pavo para la pócima.
No podía hacer otra cosa que demostrar que era una buena criatura. Así que, cara al invierno, sopló fuego de sus fauces para hacer una hoguera que calentase al pueblo. Lo calentó tanto que todos murieron. El fuego había perdido el control.
Y otra vez había metido la pata por dejarse llevar por sus impulsos de bondad.

Seudónimo: Oculta Entre Páginas

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