martes, 4 de julio de 2017

59. ENDIABLADO. De AMEL


Paseaba por la acera cuando  lo vi, su rostro desagradable, boca sin dientes, estaba bajando de su viejo coche un extraño artilugio, se echó un escupitajo en sus manos para limpiarlas, del capó sacó un  hacha, yo miraba extrañado. Montó el artilugio, era una camilla, me miró, con rostro iracundo, ojos enrojecidos con un extraño fulgor, y se puso a gritar, ─ ¡"no te vayas"!─, contesté, ─"¿por qué no?"─, enseñando unos  dientes que no tenía aulló, ─"¡porque voy a despedazarte vivo en la camilla"!─,  y blandía el hacha colérico. Le miré extrañado pero cuando empujó la camilla, con su hacha en la mano hacia mí, comencé despavorido a huir, iba en serio, quería trincharme. Corrí poseído, nadie podía auxiliarme, nadie había en la calle, nadie escuchaba mis gritos de socorro, él corría como un trotón, yo tenía plomo en los pies. Se acercaba con peligro, podía sentir su aliento maloliente cercenando mi cogote y tuve que cruzar una avenida poblada de coches que…
La gente que pasaba vio con estupor como  un señor, en los cuarenta decían unos, parece mayor según otros, cruzó sin esperar a que el semáforo reverdeciera y fue atropellado por varios coches hasta dejarlo muerto en el asfalto. Un joven muy agradable llegó acalorado con un cochecito de bebe, llevaba en la mano un biberón. Comentó al ver la destroza en la calzada, coches parados a la espera del SAMUR, ─"ese hombre empezó a correr nada más verme como si temiera algo"─, otros asentían, ─"si, chillaba diciendo que lo querían descuartizar con un hacha"─. Otros meneaban la cabeza, ─"el pobre hombre debía estar mal de la cabeza, cuerdo nunca hubiera cruzado"─.
El joven del cochecito se rio a escondidas de todos, su cara enrojecida por momentos, y sus ojos ardían con tenebrosidad surgida del más allá…  se fue con su camilla y el hacha en la mano.

Seudónimo: AMEL

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