martes, 4 de julio de 2017

62. DARKNESS. De Donnie Darko


Sonó la alarma y repitieron el ritual una vez más. Chloe, con cansancio acumulado debajo de los ojos, cerró las persianas y corrió las cortinas. Iria, su hija más chica, desconectó todos los aparatos tecnológicos, y su hermano Arion apagó las luces de cada habitación. Luego los tres se reunieron en la cama de la habitación de Chloe y rezaron para permanecer juntos esa noche y las que seguían.
Si todo salía bien, a la mañana podrían marcharse de la ciudad que representaba el infierno personal de esa familia. Chloe sostenía fuertemente con ambas manos el pase prioritario que el gobierno le había entregado por tener dos hijos menores de doce años, aferrándose a su única salvación.
El sonido producido por los pares de pasos indicaba que la Cabra ya había llegado a la calle. Nadie sabía qué quería, pero sí qué la atraía: la luz. Los niños cerraban sus ojos con la esperanza de ver aún menos, y de paso quizás quedarse dormidos.
Algo vibró sobre la mesa de luz. Los tres voltearon en esa dirección, pero sólo Iria sabía de qué se trataba. Un celular permanecía encendido por error e iluminaba el techo por completo. "Perdón, mami", dijo Iria con la garganta casi cerrada. Pero la mano fría de la Cabra ya le rodeaba uno de sus tobillos.

Seudónimo: Donnie Darko

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