martes, 4 de julio de 2017

66. SIN ALTERNATIVAS. De Bronko


Las rocas negras roncaban y se movían solas. Me desplomé, no pude seguir de pie, mis rodillas temblorosas se negaron a cargarme. Me arrastré sobre el piso polvoriento. Estaba perdido, aturdido e indefenso; el miedo me embargaba y me paralizaba; la enorme fatiga me doblegaba. En el aire condensado se alzaba un horrible hedor a podrido. Aterrorizado, hundí las uñas de las manos en mi rostro, el sudor bañaba mi cuerpo y pegaba la mugre putrefacta a mi piel, me sentía húmedo, en oposición, mi boca seca, deshidratada y carrasposa, anhelaba una imposible gota de agua. Intenté gritar, la voz se anudó en mi garganta y solo logré toser casi ahogado. Mis ojos se nublaron, sólo veía sombras amenazantes. Sobre el piso encontré vísceras, órganos humanos descompuestos, excrementos, manchas de sangre y mucho polvo. Era una caverna maldita. Trasboqué varias veces. Sentía que algo invisible me apretaba el pecho, no podía respirar. La impotencia me amarraba. No tuve opción, me aferré al poco coraje que aún me acompañaba, escogí uno de los tres túneles siniestros y me introduje en él temblando de terror, buscando salir de aquella escalofriante prisión; estaba oscuro y caí aparatosamente en una trampa maligna, un pozo profundo, muy caliente y fétido. No duré mucho allí, porque fui sacado violentamente y sometido por seres infernales. Los látigos de tuercas golpearon una y otra vez mi espalda desnuda haciendo brotar mi sangre a borbotones y, mi cuerpo exhausto, desvanecido por el intenso dolor, la anemia y la fatiga, cayó tendido sin fuerzas, inerte, sobre la cama infame de hierro candente del horripilante horno. Mi carne se quemaba, se encogía por fuera y por dentro. Las fieras siniestras arrancaban a trozos mis entrañas, aún palpitantes y, en gran jolgorio, las devoraban sin ninguna compasión. Sabía que estaba dormido, pero me negaba a despertar; el terror me confundía y no me dejaba pensar ni decidir. Lloré intensamente. Al fin me quedé con las sombras; afuera, en mi mundo, las cosas estaban peor que en el infierno.

Seudónimo: Bronko

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