domingo, 9 de julio de 2017

75. FE DE HECHOS. De El místico vendedor de papas fritas


Detesto este país. Para ser objetivo, esta ciudad; para ser claro, esta colonia; para ser conciso, esta calle; para ser exacto, este cementerio.          
   Expongo los motivos:
   En detrimento a mi prestigio de profanador de tumbas ostentosas, fui sepultado, por una negligencia burocrática administrativa de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, en la zona reservada a criminales sin alcurnia y políticos rapaces, en lugar de los floridos céspedes designados a los hombres ilustres.
   Como agravio adicional manifiesto la humillación de haber sido exhumado clandestinamente por un ruin cava huecos, un vulgar abre féretros inescrupuloso, quien, creyendo literalmente los comentarios elogiosos expresados por familiares y amigos hacia mi persona, durante el velorio, me vino a escalpar los hilos de plata, a extirpar el corazón de oro y el alma de niño, a cercenar la mano santa, a succionar la sangre azul y la flema inglesa.
   Declarado lo anterior, solicito a usted,  notario público, aún bonachón y gozante de saludable entereza, rectifique mi status asentando este lamentable exabrupto en mi acta post mortem.
   Proceda inmediatamente, por favor, antes que la inminente putrefacción infeste su rechoncho cuerpo.  

Seudónimo: El místico vendedor de papas fritas

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