miércoles, 12 de julio de 2017

82. S/T. De Sinclair


No sentía mi cuerpo, no era yo quien corría. Solo estaba como montado en una cabina situada a la altura de mis ojos, anonadado con lo húmedo y lúgubre del lugar. Miré hacia abajo y mis pies descalzos atropellaban sin sentido los cuerpos regados, que hicieron volcar mi memoria hacia aquellas estrellas eternas del cielo antiguo que fueron arrasadas por el huracán de la renovación. En un momento todo fue borroso, y miré mis manos y miré mis pies y lo miré atrás mío y no miré más. Había perdido un sentido, y el olfato y el oído escalaron unos peldaños para servirme con penosas sensaciones capaces de ahuyentar hasta el alma de un bosque virgen. Escuché tanto que al final solo era su voz tenue, truculenta, que devino luego en agudos gritos iridiscentes; me pedía correr derecho porque maltrataba su colección de cuerpos. Después de eso, un silencio voraz iba carcomiendo mi cuerpo y el sonido de mis pasos. Solo quedaba la guía del olfato y es mentira si te dicen que no hay peor miedo que el de la muerte. El saber que prefieres morir antes de recibir el último y letal golpe del desconocido es una sensación que te aparta  de tus límites humanos, eres puro polvo de vida reunida en el puño del destino y solo esperas un soplido, un milagro. Todo oscuro. Ahora no sentía el aire entrar a mis pulmones, solo fuego que empezaba en algún lugar de mi cara y terminaba en real hediondez. Allí no había más sentido. Era ahora un espíritu desnudo, tal vez.
Parecía llegar un halo amarillo o naranja por allá. Y un grito celestial destapó mis oídos, y unas fresas me atraparon por la nariz, y vi un tronco del árbol más viejo alzado frente a mí. Y pensé que había muerto, que el paraíso me había abierto las puertas. Y el demonio salió de entre las nubes blancas y se cagó de la risa en mi reino mientras miraba directo a mi esperanza colgada en un letrero.
Miré mis manos fijo y parpadeo, parpadeo: en mi lecho, bajo las sábanas empapadas de sudor, y un trono mundano y pasajero que es la vida terrenal.

Seudónimo: Sinclair

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