jueves, 13 de julio de 2017

88. LA NOCHE. De Cosme Lunar


El ciego llegó a tientas hasta el borde del río. La luna, inútilmente, iluminaba generosa las formas. La oscuridad perpetua de sus ojos era como una noche densa y honda, preñada de melancolía y resignación. Se inclinó, arrodillado, para mojarse la cara en sus aguas. Desde el reflejo, su propia imagen lo mirada espantada y muda; torcía la boca y tornaba los ojos brillosos de espanto. Gritaba, inaudible, la desesperada persuasión al escape. Le advertía de los cuerpos a la orilla deshaciéndose al vaivén de la corriente, del silencio traicionero del bosque, de los seres etéreos y perversos que lo miraban, acechantes, desde la espesura negra de los árboles.

Seudónimo: Cosme Lunar

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