lunes, 17 de julio de 2017

97. EL ESQUELETO. De Montresor


Julián Garbarino despertó y se encontró dentro de la cripta familiar. ¿Cómo llegó ahí? ¿Quién había querido jugarle esa mala chanza?
Sus amigos, seguramente fueron ellos; siempre hacían esas bromas de mal gusto.
Estaba completamente solo.
Encontró una linterna en el suelo. Intentó abrir la puerta, pero estaba cerrada por fuera con un enorme candado. Gritó, pero nadie acudió en su auxilio.
La fetidez le revolvió el estómago.
Recorrió la cripta y el horror estalló en un alarido cuando se topó con un esqueleto que se había caído de su ataúd. Aún tenía restos de carne adheridos y las moscas inauguraban su festín.
El joven conjeturó que eran los huesos de un enterrado vivo. El hombre había logrado escaparse del féretro, pero al encontrarse con la cripta cerrada, murió allí, deshidratado.
Su asombro fue aún mayor cuando la luz de su linterna enfocó una inscripción que decía "Julián Garbarino. "12-08-80 – 15-06-98"

Seudónimo: Montresor

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