lunes, 17 de julio de 2017

99. EL JARDÍN. De Olifante


Las margaritas, las petunias, azaleas y rosales, con su maravillosa mezcla de aromas y colores, así como los dos abetos, el cedro, el añoso olivo, la jacaranda, por no hablar  de cuidado césped, daban verdadera gloria verlos. Su jardín era la envidia del vecindario, estaba en boca de todo el mundo. Ella pasaba en aquel lugar horas y horas absorta, trabajando, disfrutando simplemente con ver crecer sus árboles y plantas, quizá los únicos seres vivos a los que tenía aprecio. Sin embargo, cuando le preguntaban cuál era su secreto para tener aquella maravilla, su semblante cambiaba, su gesto se tornaba huraño y la sonrisa desaparecía de su boca. Sabía que corrían algunas habladurías y que la gente, malpensada por naturaleza, podría llegar a sospechar, si no lo hacía ya. Enseguida comenzaba a repasar mentalmente cada uno de sus pasos durante las pasadas jornadas, desde la última vez, hasta que conseguía tranquilizarse. Todo parecía estar bien, no había motivos para perder la calma.
No obstante, pensaba que quizá sería oportuno variar sus costumbres, utilizar otros métodos y no dar más pábulo a los cotilleos, porque al final alguna mente retorcida podría hacer conjeturas, atar cabos y, en suma, llegar al punto de relacionar la noticia de una nueva y misteriosa desaparición de un jovencito, con su costumbre de trabajar con la azada algunas noches en el jardín.

Seudónimo: Olifante

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